martes, 24 de enero de 2017

LA LA LAND, LA CIUDAD DE LAS ESTRELLAS (2016)

El film nunca da la magia que parecía prometer, es profundamente arrítmico y da vueltas y vueltas sobre lo mismo en su parte central y cuando llega a su apreciable epílogo, una parte del público ya se habrá bajado de este tren al pasado del Hollywood clásico que propone Chazelle.


RETORNO AL PASADO SIN AUTENTICA MAGIA 


Calificación: 3/5 




La La Land es una resultona dramedia con números musicales (más que un musical puro) que incluye varios secuencias notables pero que resulta demasiado alargada, no llega a arrancar narrativamente ni a alcanzar los altos vuelos emotivos que sugería su tráiler y desaprovecha tanto opciones argumentales como, sobre todo, una serie de secundarios que podrían ser eliminados sin que nada cambiará. Este es un error habitual del cine actual. Llegamos a cansarnos de ver siempre a los protagonistas en pantalla, olvidando la importancia de los secundarios como contrapeso dramático, cómico o simplemente para aportar encanto o la información necesaria para hacer avanzar la trama. Piensen por citar uno de los grandes éxitos del cine moderno: Pretty Woman. ¿Qué sería de este film sin el director del hotel, la amiga de Julia Roberts o el socio de Richard Gere?

En definitiva, el film nunca da la magia que parecía prometer, es profundamente arrítmico y da vueltas y vueltas sobre lo mismo en su parte central y cuando llega a su apreciable epílogo, una parte del público ya se habrá bajado de este tren al pasado del Hollywood clásico que propone Chazelle.

Las comparaciones son siempre odiosas pero, cuando los propios responsables del film han potenciado y recordado el fuerte vínculo del film con el musical clásico, la confrontación con el modelo se hace necesaria y pertinente. Ni cuando La la Land habla de la alegría de vivir llega, ni de lejos, al éxtasis de Un día en Nueva York o Cantando bajo la lluvia ni cuando se pone seria y reflexiva hace palidecer a Siempre hace buen tiempo, la secuela de la citada aventura de los tres marineros por la Gran Manzana.

Y si hablamos de los números musicales…Aunque hay que agradecer que en La La Land, éstos salgan del escenario y se trasladen a exteriores o decorados que los recrean (esa es la esencia del musical moderno que iniciaron el tándem Kelly-Donen), no es menos cierto que a Gosling y Stone se les ve como unos actores que han aprendido muy bien a bailar y han puesto todo su empeño en ello. Pero no fluyen por la pantalla (a pesar de que en una escena literalmente floten) sino que se les sigue notando rígidos y contando los pasos.

Y si hablamos de la parte dramática…Es cierto que el epilogo melancólico es de los más logrado del film junto a la secuencia inicial y la canción que canta Stone en la audición. Pero no hay la rabia genuina de otro film con canciones que trataba el mismo tema: el amor enfrentado al ego profesional y a las dificultades económicas. Hablamos de New York, New York de Martin Scorsese donde la historia de amor-odio entre Minelli y De Niro era mucho más auténtica.

Pero si obviamos estas comparaciones podemos indicar que estamos ante un film resultón muy bien concebido para convertirse en un fenómeno de masas. Nunca llega a emocionarte de verdad pero tampoco llega a producir el deseo de abandonar la sala o darle al botón del stop en casa. Estamos ante una operación claramente manierista con algunos toques de modernidad que dan el pego. Pero muy raramente, una imitación supera el modelo imitado. Prefiero los intentos, aunque sean fallidos, de innovación sobre los modelos previos. Aunque éstos raramente funcionan en taquilla.


Por último un comentario breve sobre la descomunal campaña de marketing del film. Nada más empezar la proyección con uno de las mejores coreografías del film, la pareja que sentó justo detrás de mí en el cine reaccionó de la siguiente manera:

El: -¿Qué? ¿Es que musical? ¡No jodas!

Ella: Parece que sí. Lo siento. No lo sabía.

Y yo me pregunté: ¿Qué lleva a dos personas a meterse en un cine una tarde de domingo, pagar 8 pavos por barba más las palomitas y dedicar unas horas de su vida a algo que por sistema no les va a gustar pues parecen odiar el musical? Es más ¿Por qué puñetas no se informan de lo que van a ver?

He de decir que molestaron lo justo y al final él sentenció: ¡Vaya mierda! ¡No me ha gustado nada!

Seguro que no han sido los únicos en reaccionar así ante el nuevo film de la prodigiosa Whiplash, un film mucho más brillante y arriesgado que éste. Pero Whiplash solo llegó a los cines españoles gracias a las nominaciones a los Oscars y La la Land es una de las grandes apuestas de Hollywood para este año: El musical para el público del cine de superhéroes. Seguramente así se la vendieron a los estudios. Sin duda, una gran estrategia.


 FICHA ARTÍSTICA Y SINOPSIS 

Estados Unidos, 2016.- 127 minutos.- Director: Damien Chazelle.- Intérpretes: Emma Stone, Ryan Gosling, John Legend, Rosemarie De Witt, J.K. Simmons, Finn Wittrock, Sonoya Mizuno, Jessica Rothe, Jason Fuchs.- MUSICAL.- Narra una tempestuosa historia de amor que se verá obstaculizada por el afán de triunfo de los protagonistas. Mia, una aspirante a actriz que trabaja como camarera, y Sebastian, un pianista de jazz que se gana la vida tocando en sórdidos tugurios, se enamoran, pero su gran ambición por llegar a la cima amenaza con separarlos.

jueves, 12 de enero de 2017

COMANCHERIA –HELL OR HIGH WATER- (2016)

LA ERA PRE-TRUMP EN FORMATO WESTERN 

Sheridan y McKenzie hacen cine social con mayúsculas sin dar ningún sermón sino usando una buena historia imbricada dentro de un género de siempre. Al contrario del cine social oficial que no es más que el mismo sermón sempiterno que sólo llega a los ya convencidos. La gente va a ver Comanchería a divertirse. Y yo creo que lo hará. Pero seguramente también les hará pensar sobre el mundo que les rodea.


Calificación: 3,5/5





Un vigoroso western moderno con las adecuadas dosis de acción, humor y espíritu crítico para gustar a cualquiera que le dé una oportunidad, sin que por ello acabe siendo un producto mainstream de esos que, tan empeñados en agradar a todo el mundo, acaba por convertirse en un film tibio sin valor alguno más allá de su efímero y coyuntural éxito.

Tanto el guionista Taylor Sheridan (Sicario y su debut como guionista-director este año con Wind River) como el director David Mackenzie (Young Adam, Convicto, American Playboy –una película mucho mejor de lo que su protagonista y apariencia pueda predecir-) eran dos nombres que hacían albergar esperanzas al tratarse figuras que empiezan a emerger en Hollywood. Pero el resultado final de su colaboración es mejor aún de lo esperado.

El buen Hollywood, el que nos enamora y no el que nos trata como tontos, siempre ha utilizado la producción compartimentada en géneros para reflexionar sobre los problemas y claroscuros de la sociedad del momento. Y este film ilustra perfectamente la America silenciosa que ha votado a un candidato ridículo como Trump y lo ha hecho presidente, destrozando la ya frágil imagen exterior de un país que nos ha dado tantas alegrías gracias a su cultura popular.

Como las recientes Cut Bank y, sobre todo, la magnífica Cold in July (que tiene poco que envidiar al film que nos ocupa salvo una mejor promoción), esta Hell or High wáter nos muestra la América profunda en la que los blancos de clase baja han sido arrasados por el mayor robo de la historia de la humanidad llamada rescate de las entidades financieras. Así los muy ricos, los que no pueden detener su adicción al coleccionismo de billones de dólares, decidieron que el pueblo vivía demasiado bien y que eso no se podía consentir. Por tanto, idearon el plan perfecto, como se ilustraba en la magnífica La gran apuesta: Quedarse el dinero de todos, arruinar el sistema financiero y que éste fuera rescatado con dinero público para que, según dicen, no se fuera todo al garete. La cuadratura del círculo. Es decir, salvar el capitalismo con medidas proteccionistas de corte socialista.

Y dejar el mundo occidental todavía más hecho un erial de cómo ya estaba antes de 2008. Comancheria lo ilustra a la perfección: odio racial, estupidez, ignorancia, codicia misérrima, uso indiscriminado de armas contra el pequeño delicuente, pérdida absoluta del poco poder adqusitivo que tenían los miembros de la basura blanca…

Sheridan Y MCKenzie hacen cine social con mayúsculas sin dar ningún sermón sino usando una buena historia imbricada dentro de un género de siempre. Al contrario del cine social oficial que no es más que el mismo sermón sempiterno que sólo llega a los ya convencidos. La gente va a ver Comanchería a divertirse. Y yo creo que lo hará.

 Pero seguramente también les hará pensar sobre el mundo que les rodea. Como siempre lo ha hecho el buen cine. Como hace el compañero mestizo de Jeff Bridges que, por una vez, le deja sin palabras cuando le ilustra sobre las diferentes formas de esquilmar una cultura, un país y a sus gentes.

 FICHA ARTISTICA Y SINOPSIS 

Estados Unidos, 2016.- 102 minutos.- Director: David Mackenzie.- Intérpretes: Jeff Bridges, Chris Pine, Ben Foster, Gil Birmingham, Katy Mixon, Dale Dickey, Kevin Rankin, Melanie Papalia, Lora Martinez-Cunningham.- WESTERN DRAMATICO Y POLICIACO.- Un padre divorciado y su hermano ex-convicto recurren a un desesperado plan para poder salvar la granja familiar, en el oeste de Texas.