martes, 27 de octubre de 2015

MARTE -THE MARTIAN- (2015)

 Resulta revelador que Ridley Scott dirigiera en 1979 la obra maestra Alien y en 2015 la olvidable Marte. La diferencia entre las dos películas es la misma que existe entre ambos periodos de la historia de Hollywood. La palabrería científica en la primera era ambiental, una excusa para desarrollar el conflicto entre personajes, mostrar los claroscuros del sistema y del ser humano y crear una inolvidable cinta de género. Los procesos técnico-científicos eran la superficie sobre la que se desarrollan conflictos emocionales, socio-políticos y casi metafísicos. 


ODA A LA NUEVA SANTISIMA TRINIDAD: CIENCIA, TECNOLOGIA Y SOBREDIMENSIONADO AFAN DE SUPERACION 

Calificación: 2/5 


The Martian.- Estados Unidos, 2015.- 142 minutos.- Director: Ridley Scott.- Intérpretes: Matt Damon, Jessica Chastain, Kate Mara, Chiwetel Ejiofor, Kristen Wiig, Jeff Daniels, Sebastian Stan, Mackenzie Davis, Michael Peña, Sean Bean, Donald Glover – CIENCIA-FICCION.- Una cinta esclava de su tiempo y del deseo de gustar a la mayor parte del público posible. Hay que dejar claro, desde el primer momento, que The martian no es, en absoluto una mala película. Bien al contrario, su primera mitad resulta atractiva, divertida e interesante pero mediada la proyección el film se convierte en una cansina carrera de obstáculos contrarreloj que repite una y otra vez el esquema de ensayo-error a la hora de tratar de encontrar formas de traer de vuelta a la tierra a Matt Damon (que ya le vale de perderse por ahí y tener que rescatarlo (Salvar al Soldado Ryan, Interstellar y ahora esto).

Ya sé que el método cientifico precisamente se basa en ese proceso de equivocarse y buscar otra solución o posibilidad pero es que yo (quizá las nuevas generaciones no) no voy al cine a que me den una lección de ciencia. De hecho sois de los que piensan que la rigurosidad científica y lo políticamente correcto se cargan la diversión cinéfila, la cinematica como un lenguaje propio alejado de las leyes de la física y de la moral o la ética. Siempre me han puesto muy nervioso los especialistas en determinada disciplina que ponen el grito en el cielo porque un film no es creíble o está lleno de errores. Precisamente por eso he elegido una peli y no un documental del canal de ciencia o historia. Igualmente me irritan los que le piden al cine (y al arte) que dé a la sociedad buenos modelos de comportamiento. Para eso deberían estar los religiosos, los políticos, los empleados públicos, nuestras familias y profesores pero no el arte que, por definición, es libérrimo.

Aún recuerdo el primer film que se puso aburridamente riguroso en nuestra era digital: United 93. Alabaron que la descripción de un estado de emergencia en una torre de control aérea era modélica. Cierto… y también un rollo considerable.

 Resulta revelador que Ridley Scott dirigiera en 1979 la obra maestra Alien y en 2015 la olvidable Marte. La diferencia entre las dos películas es la misma que existe entre ambos periodos de la historia de Hollywood. La palabrería científica en la primera era ambiental, una excusa para desarrollar el conflicto entre personajes, mostrar los claroscuros del sistema y del ser humano y crear una inolvidable cinta de género. Los procesos técnico-científicos eran la superficie sobre la que se desarrollan conflictos emocionales, socio-políticos y casi metafísicos.

En Marte el tema es la ciencia, no las personas que aparecen como marionetas sin personalidad, ni dobleces ni conflictos internos. "En casi ningún momento", como bien indica Pablo Kurt en su critica en Filmaffinity, "sentimos que el personaje de Damon se enfrente a su casi segura muerte. No, es un bravucón más preocupado por ser designado como el mejor botánico del mundo, el colonizador de Marte o el tipo que más tiempo ha pasado en el espacio exterior. No sentimos la angustia de la soledad extrema ni espanto abandono más absoluto (…) no hay rastro de transmitir al espectador qué significa emocionalmente quedarse solo en Marte, el abismo frente al hambre y la presumible locura.” dice Kurt y lo suscribo. Es el primer ser humano que se enfrenta a esta situación y parece que se ha perdido en un parque de atracciones del que lo rescataran los guardias de seguridad. Es poco creíble. Y, si en verdad existe un tipo así, ni quiero conocerlo ni que sea el prota de la peli que estoy viendo.

Los otros personajes rayan a la misma altura…abisal. Sus compañeros de tripulación ATENCION SPOILER deciden en un santiamén que vuelven a por él sacrificando 2 años de su vida y, posiblemente, sus vidas sin duda alguna. Parecen concursantes de Gran Hermano que están debatiendo si salen a comprar leche o no. Ni rastro de personajes como los de Harry Dean Stanton y Yapheh Kotto en Alien…mezquinos, cobardes, interesados…humanos. Por no hablar de los buenazos de la NASA y el apoyo de los chinos que es de traca. Eso sí que buenos los chinos que nos ayudan pero seguimos haciendo mofa de ellos. FIN DEL SPOILER.


Uno de los target de público que busca el film es obvio: Todos/as esos/as aspirantes a Iron Man que llevan tatujes del tipo, “no lo sueñes, hazlo” y que prefieren ver en el cine procesos tipo yinkana que una buena historia. Público al que no molestar narrativamente ni incomodar moralmente. La película no mea nunca fuera del tiesto, parece estar diseñada por un programa de ordenador de esos a los que adoran los protas. Porque, si bien la cinta nos evita las pajas metafísicas de Interstellar, elimina la profundidad psicológica en aras de convertirse en una oda a la nueva santísima trinidad del siglo XXI: ciencia, tecnología y sobredimensionado afán de superación.

Personalmente, si sé que el prota no la va a palmar, y eso se sabe desde el minuto 1, me dejan frío los peligros que pueda correr porque ¡Coño es Matt Damon, se va a salvar! Si no me cuentas nada más, me ABURRO.

Durante una misión tripulada a Marte, el astronauta Mark Watney es dado por muerto tras una terrible tormenta y abandonado por la tripulación, que pone rumbo de vuelta a la Tierra. Pero Watney ha sobrevivido y se encuentra atrapado y solo en el hostil planeta rojo. Con suministros escasos, deberá recurrir a su ingenio y a su instinto de supervivencia para encontrar la manera de comunicar a la Tierra que sigue vivo

jueves, 22 de octubre de 2015

REGRESION (REGRESSION) -2015-

Amenabar nos manipula sabiamente hasta conseguir la identificación total con dicho protagonista. Su mente y la nuestra son una sola, sus sentimientos van unidos a los nuestros. La tesis que Amenabar quiere trasmitir con el film la demuestra usándonos a nosotros mismos como perfectas cobayas. Es loable lo que intenta el autor de Tesis en su nueva cinta a la par que tremendamente arriesgado. Pero no le sale del todo bien. 



INTELECTUALIZAR EL TERROR

Calificación: 2,5/5 




España-Canada, 2015.- 106 minutos.- Director: Alejandro Amenábar.- Intérpretes: Ethan Hawke, Emma Watson, Aaron Ashmore, Devon Bostick, David Thewlis, Dale Dickey, Aaron Abrams, Adam Butcher, David Dencik, Kristian Bruun, Matija Matovic Mondi, Janet Porter, Goran Stjepanovic. THRILLER DE INTRIGA.- Amenabar intenta subvertir las pautas del cine de terror en su vertiente de posesiones demoniacas y sectas satánicas y parece navegar a la deriva durante parte de la proyección. Es loable lo que intenta el autor de Tesis en su nueva cinta a la par que tremendamente arriesgado, denotando una confianza excesiva en sus seguidores. Pero no le sale del todo bien.

El primer tercio del film está a la altura (o por debajo incluso) de los thrillers que lleva interpretando Nicolas Cage en los últimos años. Cintas como Caza al terrorista, Caza al asesino, Contrarreloj o El pacto. Placeres culpables para mí pero que los fans de Amenabar (convencidos de que el autor de Mar adentro es el summum de la elegancia en el thriller) ni se plantearían ver. Sin embargo, Regresión se presenta en su arranque desaliñada, artificial, poco creíble, precipitada y casi ridícula. Los personajes toman decisiones radicales y comulgan con ruedas de molino porque lo dice el guion. Es decir, no actúan como personas, ni siquiera como personajes sino como marionetas. Cuando no se mueven por los hilos del demiurgo, lo hacen siguiendo esquemas y tópicos del género que no le admitiríamos a ninguna peli americana… pero sí a la gran esperanza blanca del cine patrio. El policía tontito-gracioso o el macarra ya eran prototípicos en los 80. Y eran divertidos…aquí no.

 Por otra parte, la tan cacareada ambientación en la América de finales de los 80 me dejó frío y algo decepcionado. Comprendo que la producción es modesta y lo que perjudica al film es el hype (desmesuradas expectativas) creado por la promoción. La producción es adecuada para lo que se está contando, no se necesita más, pero de ahí a que sea “espectacular y modélica”. Esos calificativos valdrían para, por ejemplo, otro thriller con el que guarda importantes semejanzas temáticas, dirigida por un canadiense en Hollywood. Me refiero a Prisioneros. Esa sí que es una producción espectacular. Ya, lo sé…es una peli de un gran estudio (Warner)…pero que no nos vendan la moto. 

La impresión de ese primer tercio es nefasta pero algo te dice que no abandones, que te esperan cosas buenas detrás de este desaguisado. Y la verdad es que el segundo tercio funciona mucho mejor. Si bien es cierto que hay poca acción (entendida tanto como física como narrativamente), Amenabar juega con acierto a centrarse en la mente de los protagonistas, especialmente en la del policía protagonista, un eficaz Ethan Hawke. Entonces la cinta adquiere toques de profundo terror psicológico sugestionando al espectador. La semilla del diablo nos viene continuamente a nuestra mente. Amenabar nos manipula sabiamente hasta conseguir la identificación total con dicho protagonista. Su mente y la nuestra son una sola, sus sentimientos van unidos a los nuestros. La tesis que Amenabar quiere trasmitir con el film la demuestra usándonos a nosotros mismos como perfectas cobayas: aficionados al cine con un bagaje previo.

 De repente, el personaje de Watson hace algo extraño y poco después se nos revela algo que desconocíamos de ella. Sin embargo, esta revelación no hace sino confirmar la premisa errónea que Amenabar, a través de su maestría narrativa y el personaje de Hawke, ha inoculado en nuestras mentes.

El tercio final es un ejemplo paradigmático de anticlímax voluntario. Todo se resuelve sin aspavientos, sin grandilocuencias, con cierta decepción por el hecho de que todo es más vulgar de lo que parecía. Al final de la proyección, el público parecía decepcionado. Incluso escuche despotricar a uno de los espectadores, consolándose porque, al menos, esa noche iba a ver un nuevo capítulo de la serie “Rabia”. “Eso sí es terror de verdad, y no esta m*****” alcance a escucharle decir mientras abandonada la sala cabizbajo.



En definitiva, Amenabar realiza un experimento narrativo semejante a Fincher y su guionista-escritora Gillian Flynn en “Perdida”. Contarnos una mentira para revelarnos una gran verdad, o por lo menos, SU verdad. Aquí, ATENCION SPOILER, vuelve a centrarse en dos obsesiones de la mayoría de su obra: la crítica al fanatismo religioso (que comparte con la mencionada Prisioneros) y el análisis de los contraoscuros de la condición femenina. FIN DEL SPOILER.

Quizá como dice mi compañera y amiga Beatriz Martinez en su crítica en El periódico, “La peor película de Amenabar sea, tal vez, la mejor de su carrera”

Minnesota, 1990. El detective Bruce Kenner investiga el caso de la joven Angela, que acusa a su padre, John Gray, de haber cometido un crimen inconfesable. Cuando John, de forma inesperada y sin recordar lo sucedido, admite su culpa, el reconocido psicólogo Dr. Raines se incorpora al caso para ayudarle a revivir sus recuerdos reprimidos a través de la regresión.

martes, 20 de octubre de 2015

YO, EL Y RAQUEL -ME, EARL AND THE DYING GIRL- (2015)

 El gran problema de focalizar el protagonismo en personajes inspirados en esos tipos reales deviene en una triste verdad: son poco o nada interesantes y palidecen ante los torbellinos humanos que llenaron la pantalla desde el nacimiento del cine hasta finales del siglo XX. Cuando no puedes mostrar en el cine las debilidades humanas, la crueldad, las contradicciones, lo feo y terrible que también nos define sólo queda gente meliflua y adormecida.


POSTUREO LOCALISTA CON TOQUES DE BRILLANTEZ Y CONSERVADURISMO

 Calificación: 2,5/5 



Me, Earl and the dying girl.- Estados Unidos, 2015.- 105 minutos.- Director: Alfonso Gomez-Rejon.- Intérpretes: Thomas Mann, Olivia Cooke, RJ Cyler, Nick Offerman, Connie Britton, Molly Shannon.- CINE INDIE.- Una pena. Con una buena reescritura de guión que obviara todo lo que éste tiene de búsqueda desesperada de una enervante brillantez cultureta para epatar a jovenzuelos con ansía de ser diferentes, el film podría ser notable. Tal y como aparece ante nuestros ojos (y especialmente ante nuestros oídos: ¡Hay que oír cada cosa!) se queda en un fallido film que no entra en el Olimpo del nuevo cine adolescente consciente y autoconsciente formado por films como Superbad, Adventureland, Rumores y mentiras o Las ventajas de ser un marginado.

La película arranca floja y tarda mucho en enganchar al espectador. Realmente sólo mediada la proyección cobra interés hasta alcanzar un emotivo final que llega demasiado tarde cuando parte del público ya habrá abandonado, sino la sala sí el interés por el film.

Es cierto que yo cada vez estoy más lejos de la edad de los protagonistas pero tampoco estaba cercano a los de las pelis anteriores y sin embargo sí que conecté con ellas. No es menos verdad que quizá ésta sea la que mejor refleja una parte, sólo una parte de la verdadera personalidad de los adolescentes americanos. Y me refiero a la manera de enfrentarse al mundo y a las relaciones sociales. Nativos digitales criados en la era de la dictadura de lo políticamente correcto todo les resulta “awkward”, una palabra que aparece varias veces en el film. Término de difícil traducción ya que se acerca a “embarazoso”, “incómodo”, “me da palo” sin ser concretamente ninguna de ellas. Para bien o para mal pasó muchas horas a la semana con estudiantes universitarios estadounidenses y ese aspecto sí que es más realista que en otros films. Son personas educadas con brillantez para retener datos y aprender habilidades y conocimientos técnicos a la par que para la oratoria formal pero nula capacidad para el pensamiento abstracto y metafórico y, algunos de ellos, analfabetos sociales sin el más mínimo sentido común o capacidad para agarrar el toro por los cuernos de una situación hasta que ésta se torna insostenible. Por ello, esa manera de hablar supuestamente profunda que en realidad no dice casi nada, en la que se marea la perdiz dando vueltas sobre términos huecos y en la que se retuerce el lenguaje hasta convertirlo en casi un balbuceo molesto e incoherente es, tristemente, muy realista. En menor porcentaje, los españoles de su edad son bastante parecidos en esos aspectos.

 El gran problema de focalizar el protagonismo en personajes inspirados en esos tipos reales deviene en una triste verdad: son poco o nada interesantes y palidecen ante los torbellinos humanos que llenaron la pantalla desde el nacimiento del cine hasta finales del siglo XX. Cuando no puedes mostrar en el cine las debilidades humanas, la crueldad, las contradicciones, lo feo y terrible que también nos define (aunque sea para criticarlo como se hizo desde finales de los 70 a principios de los 90) sólo queda gente meliflua y adormecida con gusto en Un mundo feliz o un 1984 que no ha necesitado de régimenes dictatoriales para calmar las pulsiones que nos definen. Basta con una buena conexión a internet y un cómodo sillón. Sólo el personaje del afroamericano (sintomático) Earl parece tener unas venas por las que fluye sangre en plena ebullición.

Por ello, el film puede funcionar entre una parte del público americano joven. Lo que resulta más difícil de entender es a quien va dirigida la parte de cinefilia de postureo. Los protagonistas son unos fanáticos del cine europeo de autor clásico y de algunas obras del New Hollywood. Mis estudiantes estadounidenses suelen desconocer a Welles, Ford o Los Hermanos Marx por nombrar algunos ejemplos. No sé que porcentaje de americanos saben quiénes son, por ejemplo, Werner Herzog o Klaus Kinski…pero no debe ser muy alto. Y muchos menos serán aquéllos que lleguen a entender un gag que se hace en el film sobre la manera de hablar de ambos por mucho que ésta se haya mostrado previamente. Y sin llegar a entenderlo, también es dudoso que les haga gracia. Y ejemplos como éste hay demasiados en el film.


Por último dos detalles más. Tuve el privilegio de ver este film en versión original. Y digo lo de privilegio porque no me quiero imaginar lo que debe ser escuchar la versión doblada de un film en el que el 30% del film son juegos de palabras bastante intraducibles. Por cierto, entrañable el naif intento de la distribuidora de conseguir que el título español, igual que el original, rime.  Por otro lado, un film que va de moderno es bastante conservador políticamente (los comentarios despreciativos que parecen inocentes pero que no lo son sobre Assange) e inconsciente en la manera que trivializa en su primera secuencia conflictos bélicos terribles comparándolos con lo que se vive en un comedor de instituto. Se lo perdonaremos apelando a la inconsciencia juvenil.

Greg pasa el último año del instituto de la forma más anónima posible, evitando todo tipo de relaciones, mientras en secreto hace extrañas películas con su único amigo. Esta situación cambiará cuando su madre le obliga a hacerse amigo de una compañera de clase con leucemia

martes, 13 de octubre de 2015

IRRATIONAL MAN (2015)

Allen es un clásico autoconsciente y por ello no se corta al mostrar las costuras, el andamiaje de su guión como si del centro Pompidou de Paris se tratara. Por ello, nos avisa cuando viene el giro que desencadena el desenlace o nos deja su marca de la casa: el objeto cotidiano e insignificante que funciona como catalizador de un final más o menos emparentado con la justicia poética. 


ALCANZAR EL STANDARD SIN DESPEINARSE 


Calificación: 3/5 





Estados Unidos, 2015.- 96 minutos.- Director: Woody Allen.- Intérpretes: Joaquin Phoenix, Emma Stone, Jamie Blackley, Parker Posey, Ethan Phillips, Julie Ann Dawson, Mark Burzenski, Gary Wilmes, Geoff Schuppert, David Pittu, Steven Howitt, Kaitlyn Bouchard, Ana Marie Proulx, Kate McGonigle, Tamara Hickey- COMEDIA DRAMATICA DE INTRIGA.- Lejos quedan los tiempos en los que una producción americana te aseguraba, por lo menos, que no te ibas a aburrir. Quizá sea porque me he hecho viejo y las pelis cool ya no las hacen para mi generación, pero desde hace unos 10 años son frecuentes las cintas que provocan en mí el deseo de abandonar la sala. Por eso, agradezco a Woody Allen el hecho de que, salvos vergonzantes ocasiones, sus películas me valen para estar entretenido durante hora y media. ¿Qué sus películas después de Matchpoint no son obras maestras sino todo lo contrario? Seguramente ni se lo plantea. Simplemente quiere hacer una de las cosas que más le gustan en esta vida mientras la salud se lo permita. ¿Qué no te gusta esa filosofía o ética del trabajo? No vayas a ver sus pelis. Nadie te obliga.

 A mí me vale. Porque sin despeinarse, sin esfuerzo levanta pelis cuya calidad media ya me gustaría que fuera la de la producción cinematográfica actual. Sin apenas esfuerzo consigue historias sencillas que reflexionan sobre la condición humana y en las que, al menos yo, me siento casi siempre identificado. La culpa, la fugacidad de la felicidad, lo caprichoso del destino, nuestra cambiante y frágil percepción de la realidad (como aquello que nos atormentaba, de repente, no tiene la más mínima importancia) y las ideas románticas que nos hacemos sobre los demás, es decir, el fascinante asunto de la identidad, de la imagen pública y lo que realmente somos vuelven a estar presentes en una versión light de Delitos y faltas.

Allen es un clásico autoconsciente y por ello no se corta al mostrar las costuras, el andamiaje de su guión como si del centro Pompidou de Paris se tratara. Por ello, nos avisa cuando viene el giro que desencadena el desenlace o nos deja su marca de la casa: el objeto cotidiano e insignificante que funciona como catalizador de un final más o menos emparentado con la justicia poética.

Abe Lucas, un profesor de filosofía en plena crisis existencial, encuentra un nuevo propósito a su vida cuando se relaciona sentimentalmente con una de sus alumnas. Todo comienza con un Abe incapaz de encontrar la alegría o el significado a su vida. Tiene la sensación de que todo lo que ha intentado hacer, ya sea como activista político o profesor, no ha tenido la más mínima importancia. Al poco de llegar a la universidad de una pequeña ciudad donde va a impartir clase, Abe se relaciona con dos mujeres: Rita Richards, una solitaria profesora que busca que le rescate de su infeliz matrimonio; y Jill Pollard, su mejor estudiante, que termina por convertirse en su amiga más cercana. A pesar de que Jill está enamorada de su novio Roy, no puede evitar encontrar irresistible la personalidad artística y atormentada de Abe, así como su exótico pasado. Incluso cuando Abe deja señas de su desequilibrio mental, la fascinación de Jill no hace más que crecer.

jueves, 8 de octubre de 2015

UN DIA PERFECTO -A PERFECT DAY- (2015)

Con un espíritu cercano al cine de Howard Hawks, aquél centrado en profesionales de un oficio que comparten camaradería y maldades a partes iguales, Aranoa realiza el film más dinámico y divertido de su carrera. Además, consigue suavizar la terrible tragedia a la que nos acerca con un humor que, sin embargo, no es indigno, ni bochornoso ni ofende la memoria del drama vivido en los Balcanes durante los años 90. 


EL FELIZ REGRESO DE LEON DE ARANOA 

Calificación: 3,5/5 


España, 2015.- 106 minutos.- Director: Fernando León de Aranoa.- Intérpretes: Tim Robbins, Benicio del Toro, Olga Kurylenko, Mélanie Thierry, Fedja Stukan, Eldar Residovic, Sergi López. COMEDIA DRAMATICA.- Este potente y bien resuelto film nos reconcilia con el mejor Leon de Aranoa (el de Barrio y, sobre todo, Los lunes al sol) al que creíamos perdido para siempre tras la decepcionante Amador y la bochornosa Princesas. Y además lo hace con un giro en su carrera que supone un cambio radical de tono y, sobre todo, de estado de ánimo. Aunque ambos se pueden achacar a que su guión adapta una novela también es indudable que el hecho de, en lugar de trabajar sobre una idea original, haya preferido basarse en material ajeno ya refleja un cambio de actitud creativa. Y esta nueva visión ha significado un soplo de aire fresco en una carrera trufada de films tan interesantes como taciturnos y pesimistas.

Con un espíritu cercano al cine de Howard Hawks, aquél centrado en profesionales de un oficio que comparten camaradería y maldades a partes iguales, Aranoa realiza el film más dinámico y divertido de su carrera. Además, consigue suavizar la terrible tragedia a la que nos acerca con un humor que, sin embargo, no es indigno, ni bochornoso ni ofende la memoria del drama vivido en los Balcanes durante los años 90.

La realización está a la altura del guión y el film se une al grupo de films de los que hace años se diría que “no parecen españoles” por su elevada calidad. Sin embargo y, aunque algunos ministros y políticos en general no se han dado todavía cuenta, esa coletilla ya no es necesaria porque al ampliarse tanto la nómina de films notablemente producidos ya no se puede señalar como estigma de toda nuestra filmografía.

Finalmente indicar que a la fiesta se une un reparto internacional perfecto en sus papeles que no desaprovechan la oportunidad. Lo mismo se puede decir del equipo de localizaciones que consigue que nos creamos que los exteriores rodados en Málaga o Cuenca parezcan los Balcanes.

En la zona en guerra de los Balcanes, con los cascos de las Naciones Unidas tratando de controlar la situación, varios personajes viven sus propios conflictos: Sophie quiere ayudar a la gente, Mambrú quiere volver a casa, y Katya quiso una vez a Mambrú. Por su parte Damir quiere que la guerra termine, Nikola quiere un balón de fútbol, y B no sabe lo que quiere. Un grupo de cooperantes trata de sacar un cadáver de un pozo en una zona de conflicto. Alguien lo ha tirado dentro para corromper el agua y dejar sin abastecimiento a las poblaciones cercanas. Pero la tarea más simple se convierte aquí en una misión imposible, en la que el verdadero enemigo quizá sea la irracionalidad. Los cooperantes recorren el delirante paisaje bélico tratando de resolver la situación, como cobayas en un laberinto.

martes, 6 de octubre de 2015

LA VISITA -THE VISIT- (2015)

Shyamalan no convierte al film en la típica cinta que una vez descubierta la sorpresa  no tiene ningún sentido volver a verla. Buen trabajo de este director que dábamos perdido para siempre pero que aún nos puede deparar agradables sorpresas cinéfilas.


SHYAMALAN SE REINVENTA Y SALE TRIUNFANTE 
Calificación: 3/5 



Estados Unidos, 2015.- 106 minutos.- Director: Manoj Night Shyamalan.- Intérpretes: Olivia DeJonge, Ed Oxenbould, Deanna Dunagan, Peter McRobbie, Kathryn Hahn, Celia Keenan-Bolger, Samuel Stricklen, Patch Darragh.- SUSPENSE.- Shyamalan ha vuelto. El director de las imprescindibles El sexto sentido, El protegido y El bosque, las discutibles Señales, La joven del agua y El incidente y las infumables The last Airbender y After Earth ha vuelto a alcanzar su mejor nivel. Y es para alegrarse porque, independientemente del interés de las historias que filma, el director estadounidense es uno de los que pocos que ponen la cámara siempre en el lugar más adecuado, consigue sublimes puestas en escena y dirige a las mil maravillas a sus actores.

Aquí se olvida de su egocentrismo (deja de aparecer en pantalla como si se creyera que es Hitchcock) y usa el formato semidocumental para trasmitir inmediatez sin que por ello el look sea cutre ni amateur. Bien al contrario, el look visual del film es impecable y, a la vez, totalmente adecuado a lo que se está contando.

Lo que vemos en pantalla es, casi siempre, lo que está filmando la adolescente protagonista en la visita que hacen ella y su hermano menor para conocer a sus abuelos maternos, separados den ésta durante muchos años por una disputa de adolescencia.

Durante tres cuartas partes del film, éste juega a reflejar como la forma de vida de unos ancianos rurales puede resultar excéntrica y casi terrorífica a unos nativos digitales. Cuando llega la sorpresa, marca de la casa de Shyamalan, sorprende pero, sin embargo, no convierte al film en la típica cinta que una vez descubierta la sorpresa  no tiene ningún sentido volver a verla. La película tiene valor en sí misma aunque sepamos cómo acaba. Buen trabajo de este director que dábamos perdido para siempre pero que aún nos puede deparar agradables sorpresas cinéfilas.

Una madre deja a sus dos hijos en la remota granja de sus abuelos, en Pensilvania, durante una semana. Los niños descubrirán que la anciana pareja está metida en algo profundamente inquietante.