martes, 10 de noviembre de 2015

LA VERDAD (TRUTH) -2015-

 La película es lo suficientemente inteligente para, partiendo de lo particular llegar a lo universal. Al principio parece otra maldita cinta de datos sin alma (el cine americano actual…y el ciudadano americano actual, si nos ponemos) pero con paciencias y sin prisas va llegando a un tercio final en el que se constata lo contrario: la obsesión por los datos y su veracidad sirve como cortina de humo como montaña de papeles cuyo objetivo es tapar la verdad.


LOS PUTOS DATOS QUE NOS DESPISTAN DE LO ESENCIAL. 

Calificación: 3/5 



Con todos sus defectos (variados y alguno grave como un grotesco dialogo en el que se explica de manera simplista la razón de un rasgo de la personalidad del personaje de Blanchett, tratando de tontos a los espectadores) el debut tras la cámara del guionista de cintas como Basic, Zodiac o Asalto al poder -pero también de las dos lamentables partes del reboot de Spiderman de 2012 y 2014- se salda con un resultado positivo.

 Si tenemos en cuenta su condición de novato, y lo arriesgado de hacer cine de denuncia cuando a casi nadie le interesa, hay que aplaudir que Vanderbilt haya tomado estos riesgos y haya saldado su trabajo con un aprobado alto. Es cierto que queda por debajo de obras maestras del subgénero como Todos los hombres del presidente pero en algunos aspectos es más incisiva que ésta, ya que los nuestros son tiempos más descreídos que aquéllos.

El film cuenta con varios hándicaps para atraer y satisfacer al público europeo. En primer lugar, los acontecimientos que se narran fueron célebres en Estados Unidos pero pasaron desapercibidos por Europa. Quizá, porque a este lado del charco, y especialmente a orillas del Mediterraneo, tenemos claro que los poderosos son corruptos, tienen privilegios y nada se puede hacer para cambiar ese status quo. Los demás sólo aspiramos a que las migajas que nos dejan nos sean suficientes para no malvivir. En segundo lugar, y a colación de lo anterior, que el hijo de una de las familias más importantes del país más poderoso de la Tierra utilizara sus influencias para no ir a una guerra incentivada por esas mismas familias nos parece ¿lógico? ¿normal? ¿obvio? Por tanto, el escandalo tampoco nos hace rasgarnos las vestiduras.

Sin embargo, la película es lo suficientemente inteligente para, partiendo de lo particular llegar a lo universal. Al principio parece otra maldita cinta de datos sin alma (el cine americano actual…y el ciudadano americano actual, si nos ponemos) pero con paciencias y sin prisas va llegando a un tercio final en el que se constata lo contrario: la obsesión por los datos y su veracidad sirve como cortina de humo como montaña de papeles cuyo objetivo es tapar la verdad. En una cinta no especialmente discursiva y que explica diáfanamente una historia compleja si hay tres diálogos-discursos sobre la libertad de prensa, la nefasta relación entre dinero y periodismo y, por último, las estratagemas para ocultar la verdad y producir ruido mediático. Estos funcionan de manera diversa. El primero protagonizado por Topher Grace es el más fallido con molesta tendencia al histrionismo perjudicado por un doblador francamente mejorable. El segundo es el más sosegado, sabio, cómo no protagonizado por mi idolatrado Redford. El tercero es el más brillante, lúcido y perdurable y recae sobre Blachett. La calidad de las interpretaciones siguen también ese crescendo: de la mediocridad de Grace, pasando por la veteranía lúcida de Redford, a la grandiosidad de Blanchett.

Por último, señalar que, al igual que Blanchett acude a la entrevista final preparada para que no la pillen en ningún renuncio y que no se le vea el plumero liberal, la cinta presenta tres o cuatro escenas concebidas con la única intención de “demostrar” algo que no existe: la objetividad. Especialmente significativa es la relación entre los personajes de Grace y Quaid. Estos momentos perjudican más que ayudan pero son imprescindibles en el contexto actual en el que se da por hecho que los autores conservadores “son así” pero no hay tregua para los progresistas.

En definitiva, cine necesario y preocupado por nuestra sociedad que, paradójicamente, interesa ya a muy pocos. Como dijo hace poco una líder estudiantil refiriéndose a parte de los universitarios: “Están tan enajenados que ni se plantean luchar por sus derechos”. Pues eso.



FICHA TECNICA Y SINOPSIS

Estados Unidos, 2015.- 121 minutos.- Director: James Vanderbilt.- Intérpretes: Cate Blanchett, Robert Redford, Topher Grace, Elisabeth Moss, Dennis Quaid, Bruce Greenwood, John Benjamin Hickey, Stacy Keach, Martin Sacks, Nicholas Hope, Aaron Glenane. DRAMA PERIODISTICO.- Víspera de las elecciones estadounidenses de 2004. El país se encuentra inmerso en la guerra contra Iraq y Afganistán, y todo apunta a que George W. Bush va a ser reelegido presidente de los Estados Unidos. La productora de noticias de la CBS Mary Mapes y su socio, el presentador Dan Rather descubren una historia que podría cambiar el curso de las elecciones: Bush había utilizado todo tipo de influencias para evitar ir a la guerra de Vietnam. La emisión de un programa especial con la información desata una tormenta informativa que llevará a Mapes y Rather a pelear para demostrar la veracidad de su noticia y defender los valores de la verdad por encima de los intereses políticos y económicos que se esconden detrás de los medios de comunicación.

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