martes, 27 de octubre de 2015

MARTE -THE MARTIAN- (2015)

 Resulta revelador que Ridley Scott dirigiera en 1979 la obra maestra Alien y en 2015 la olvidable Marte. La diferencia entre las dos películas es la misma que existe entre ambos periodos de la historia de Hollywood. La palabrería científica en la primera era ambiental, una excusa para desarrollar el conflicto entre personajes, mostrar los claroscuros del sistema y del ser humano y crear una inolvidable cinta de género. Los procesos técnico-científicos eran la superficie sobre la que se desarrollan conflictos emocionales, socio-políticos y casi metafísicos. 


ODA A LA NUEVA SANTISIMA TRINIDAD: CIENCIA, TECNOLOGIA Y SOBREDIMENSIONADO AFAN DE SUPERACION 

Calificación: 2/5 


The Martian.- Estados Unidos, 2015.- 142 minutos.- Director: Ridley Scott.- Intérpretes: Matt Damon, Jessica Chastain, Kate Mara, Chiwetel Ejiofor, Kristen Wiig, Jeff Daniels, Sebastian Stan, Mackenzie Davis, Michael Peña, Sean Bean, Donald Glover – CIENCIA-FICCION.- Una cinta esclava de su tiempo y del deseo de gustar a la mayor parte del público posible. Hay que dejar claro, desde el primer momento, que The martian no es, en absoluto una mala película. Bien al contrario, su primera mitad resulta atractiva, divertida e interesante pero mediada la proyección el film se convierte en una cansina carrera de obstáculos contrarreloj que repite una y otra vez el esquema de ensayo-error a la hora de tratar de encontrar formas de traer de vuelta a la tierra a Matt Damon (que ya le vale de perderse por ahí y tener que rescatarlo (Salvar al Soldado Ryan, Interstellar y ahora esto).

Ya sé que el método cientifico precisamente se basa en ese proceso de equivocarse y buscar otra solución o posibilidad pero es que yo (quizá las nuevas generaciones no) no voy al cine a que me den una lección de ciencia. De hecho sois de los que piensan que la rigurosidad científica y lo políticamente correcto se cargan la diversión cinéfila, la cinematica como un lenguaje propio alejado de las leyes de la física y de la moral o la ética. Siempre me han puesto muy nervioso los especialistas en determinada disciplina que ponen el grito en el cielo porque un film no es creíble o está lleno de errores. Precisamente por eso he elegido una peli y no un documental del canal de ciencia o historia. Igualmente me irritan los que le piden al cine (y al arte) que dé a la sociedad buenos modelos de comportamiento. Para eso deberían estar los religiosos, los políticos, los empleados públicos, nuestras familias y profesores pero no el arte que, por definición, es libérrimo.

Aún recuerdo el primer film que se puso aburridamente riguroso en nuestra era digital: United 93. Alabaron que la descripción de un estado de emergencia en una torre de control aérea era modélica. Cierto… y también un rollo considerable.

 Resulta revelador que Ridley Scott dirigiera en 1979 la obra maestra Alien y en 2015 la olvidable Marte. La diferencia entre las dos películas es la misma que existe entre ambos periodos de la historia de Hollywood. La palabrería científica en la primera era ambiental, una excusa para desarrollar el conflicto entre personajes, mostrar los claroscuros del sistema y del ser humano y crear una inolvidable cinta de género. Los procesos técnico-científicos eran la superficie sobre la que se desarrollan conflictos emocionales, socio-políticos y casi metafísicos.

En Marte el tema es la ciencia, no las personas que aparecen como marionetas sin personalidad, ni dobleces ni conflictos internos. "En casi ningún momento", como bien indica Pablo Kurt en su critica en Filmaffinity, "sentimos que el personaje de Damon se enfrente a su casi segura muerte. No, es un bravucón más preocupado por ser designado como el mejor botánico del mundo, el colonizador de Marte o el tipo que más tiempo ha pasado en el espacio exterior. No sentimos la angustia de la soledad extrema ni espanto abandono más absoluto (…) no hay rastro de transmitir al espectador qué significa emocionalmente quedarse solo en Marte, el abismo frente al hambre y la presumible locura.” dice Kurt y lo suscribo. Es el primer ser humano que se enfrenta a esta situación y parece que se ha perdido en un parque de atracciones del que lo rescataran los guardias de seguridad. Es poco creíble. Y, si en verdad existe un tipo así, ni quiero conocerlo ni que sea el prota de la peli que estoy viendo.

Los otros personajes rayan a la misma altura…abisal. Sus compañeros de tripulación ATENCION SPOILER deciden en un santiamén que vuelven a por él sacrificando 2 años de su vida y, posiblemente, sus vidas sin duda alguna. Parecen concursantes de Gran Hermano que están debatiendo si salen a comprar leche o no. Ni rastro de personajes como los de Harry Dean Stanton y Yapheh Kotto en Alien…mezquinos, cobardes, interesados…humanos. Por no hablar de los buenazos de la NASA y el apoyo de los chinos que es de traca. Eso sí que buenos los chinos que nos ayudan pero seguimos haciendo mofa de ellos. FIN DEL SPOILER.


Uno de los target de público que busca el film es obvio: Todos/as esos/as aspirantes a Iron Man que llevan tatujes del tipo, “no lo sueñes, hazlo” y que prefieren ver en el cine procesos tipo yinkana que una buena historia. Público al que no molestar narrativamente ni incomodar moralmente. La película no mea nunca fuera del tiesto, parece estar diseñada por un programa de ordenador de esos a los que adoran los protas. Porque, si bien la cinta nos evita las pajas metafísicas de Interstellar, elimina la profundidad psicológica en aras de convertirse en una oda a la nueva santísima trinidad del siglo XXI: ciencia, tecnología y sobredimensionado afán de superación.

Personalmente, si sé que el prota no la va a palmar, y eso se sabe desde el minuto 1, me dejan frío los peligros que pueda correr porque ¡Coño es Matt Damon, se va a salvar! Si no me cuentas nada más, me ABURRO.

Durante una misión tripulada a Marte, el astronauta Mark Watney es dado por muerto tras una terrible tormenta y abandonado por la tripulación, que pone rumbo de vuelta a la Tierra. Pero Watney ha sobrevivido y se encuentra atrapado y solo en el hostil planeta rojo. Con suministros escasos, deberá recurrir a su ingenio y a su instinto de supervivencia para encontrar la manera de comunicar a la Tierra que sigue vivo

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