martes, 7 de julio de 2015

TOMORROWLAND (2015)

El guión y el mensaje de este film lo hubiera petado hace 30 años pero, hoy en día, tras décadas de alimentar al lobo malo en la cultura popular (los que han visto la cinta saben a lo que me refiero y más adelante profundizaré en este aspecto), el público mayoritario prefiere ver cintas más oscuras al estilo Nolan o, directamente, basuras asépticas como Jurassic World.




UN FRACASO ECONÓMICO COHERENTE CON SU TESIS 

CALIFICACIÓN: 3/5 


Estados Unidos, 2015 - 130 minutos. - Director: Brad Bird.– Intérpretes: Britt Robertson, George Clooney, Raffey Cassidy, Hugh Laurie, Thomas Robinson, Tim McGraw.- CIENCIA FICCION.- Desbordante de imaginación visual, naif en el buen sentido de la palabra a la par que conscientemente a contracorriente de los gustos y modas actuales, el nuevo film de Bird ha pagado caro, a partes iguales, decirle al público lo que no quiere oír y no está de moda pero, también, un imposible compromiso entre mensaje crítico a nuestra cosmovisión, universo Disney y acción de cara a la galería.

El guión y el mensaje de este film lo hubiera petado hace 30 años pero, hoy en día, tras décadas de alimentar al lobo malo en la cultura popular (los que han visto la cinta saben a lo que me refiero y más adelante profundizaré en este aspecto), el público mayoritario prefiere ver cintas más oscuras al estilo Nolan o, directamente, basuras asépticas como Jurassic World.

Pero asistir a la proyección de esta maravilla visual es retrotraerse a los tiempos en los que uno se adentraba en el templo oscuro que, para el aficionado al séptimo arte, es la sala de cine y se dejaba llevar por una peripecia en la que todo era posible y nos sentíamos en la piel del protagonista en una lucha humanista contra las fuerzas de la sinrazón y la maldad. Las de verdad, no las de las sagas fantásticas de hombres con espadas y pieles. Las que controlan nuestro mundo, no los recreados sobre pantallas verdes. Efectivamente, Tomorrowland me entrega el cine fantástico y de ciencia-ficción que yo quiero ver sobre el lienzo cinematográfico: fantasía desbordante en un contexto absolutamente cotidiano. Prefiero una cinta fallida de este tipo que una mejor resuelta en universos que no me dicen nada. Por eso soy de los pocos que defienden a ultranza el Superman de Donner filmado en 1978.

 Es cierto que en el tercio final con los misterios ya desvelados decae bastante el interés, hecho al que colaboran unas escenas de acción rudimentarias y cobardes ya que pretenden enganchar a un perfil de público que llegado ese momento ya ha mandado la película a tomar viento hace tiempo. Sin embargo, la verbalización de la tesis del film en boca, como no de Hugh (Doctor House) Laurie, vuelve a elevar el termómetro de la emoción y del interés a la par que constata lo inevitable. Tras 25 años, desde El silencio de los corderos como referente más visible, de alimentar al lobo malo (una visión descreída y cínica del mundo), Hollywood, al servicio de un sistema capitalista perfeccionado que ha conseguido inocular el veneno de que otro mundo no es posible, no puede pretender que una cinta optimista a la par que crítica con ese postureo fatalista vaya a calar entre las nuevas generaciones. O simplemente, ha sido producida con el objetivo de confirmar lo que dan por hecho: este tipo de cine ya no interesa y su monumental fracaso económico así lo confirma.

 Unidos por el mismo destino, una adolescente inteligente y optimista llena de curiosidad científica y un antiguo niño prodigio inventor hastiado por las desilusiones se embarcan en una peligrosa misión para desenterrar los secretos de un enigmático lugar localizado en algún lugar del tiempo y el espacio conocido en la memoria colectiva como “Tomorrowland”, y así salvar a la Humanidad.

No hay comentarios: