lunes, 20 de julio de 2015

LO QUE HACEMOS EN LAS SOMBRAS (WHAT WE DO IN SHADOWS) -2014-


Una gran idea, muy bien escrita e interpretada pero flojamente ejecutada. Pero hay tantas ganas de que surjan nuevas pelis de culto para echarse unas risas que el target de público al que va dirigido y la crítica han sobredimensionado su calidad. Otro nuevo ejemplo de hype pero no tan exagerado como otros. 


GRANDES CHISTES NO MUY BIEN CONTADOS 

Calificación: 2,5/5 



Nueva Zelanda, 2014.- 86 minutos.- Director: Taika Waititi y Jemaine Clement.- Intérpretes: Jemaine Clement, Taika Waititi, Jonathan Brugh, Cori Gonzales-Macuer, Stu Rutherford, Ben Fransham.- COMEDIA.- A pesar de ser bastante menos valorada que el drama, la comedia siempre resulta mucho más difícil. Si lloramos y nos emocionamos con cosas semejantes, a cada uno le hacen gracia aspectos diferentes. Pero no sólo eso, en las artes audiovisuales, más importante que el texto cómico resulta la plasmación visual del gag y su visualización. ¿Cuántas veces hemos constatado que el mismo chiste hace más o menos gracia según quien lo cuente? Junto a la gracia intrínseca del ejecutante está lo que se conoce como tempo cómico. Se trata de medir con exactitud milimétrica cada uno de los componentes del gag para conseguir la mayor comicidad: inflexión de la voz, lenguaje corporal, pausas, disposición de los objetos en el plano. Esto se está perdiendo. Piensan que con un buen texto y notables interpretes la carcajada está asegurada. Y no. Si no se clava este tempo, la sensación que tenemos es que “nos quieren hacer reír” y por tanto, se pierde la naturalidad, la sensación de que “eso está pasando de verdad” y que, por ejemplo, la sorpresa que recibe el personaje objeto de la broma es real, auténtica, genuina.

Y es lo que le pasa a ésta, de todas formas, loable y divertida comedia neozelandesa, tan modesta como entrañable. Los actores son buenos y el libreto muy divertido pero la carcajada que se consigue suele ser más mental que física: no produce esa carcajada espontanea que es un gesto reflejo sino que un par de segundos después del chiste o del gag, nuestra mente nos dice: “Vaya, qué chiste más bueno, que ingenioso”.

Por supuesto que no ayuda el verla doblada (tampoco creo que sirviera en este caso la VO ya que no creo en el humor “leído”; sólo serviría un perfecto dominio del inglés) ni estar en una sala casi vacía (3 personas incluidos mi acompañante y yo) La risa se contagia y no era el caso. Tampoco, en mi opinión, ayuda el manido e innecesario recurso del mockumental que marca distancia más que otra cosa. Aún así una gran idea, muy bien escrita e interpretada pero flojamente ejecutada. Pero hay tantas ganas de que surjan nuevas pelis de culto para echarse unas risas que el target de público al que va dirigido y la crítica han sobredimensionado su calidad. Otro nuevo ejemplo de hype pero no tan exagerado como otros.



Viago, Deacon y Vladislav son tres vampiros que comparten piso en Nueva Zelanda. Hacen lo posible por adaptarse a la sociedad moderna: pagan el alquiler, se reparten las tareas domésticas e intentan que les inviten a entrar en los clubs. Una vida normal, salvo por una pequeña diferencia: son inmortales y tienen que alimentarse de sangre humana. Cuando su compañero del sótano, Petyr, convierte en vampiro a Nick, nuestros protagonistas deberán enseñarle como funciona todo en su recién estrenada vida eterna

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