lunes, 23 de febrero de 2015

CINCUENTA SOMBRAS DE GREY (FIFTY SHADES OF GRAY) -2014-

UN QUIERO Y NO PUEDO PLANO Y MEDIOCRE 

CALIFICACIÓN: 1/5 


Hay que reconocerle a la directora que, contando con un guión nefasto y un protagonista lamentable, se toma muy en serio una tarea imposible y consigue que la narración cinematográfica sea, junto a los aspectos formales y la interpretación de Dakota Johnson, lo más destacado de este mediocre producto comercial que no llega a película. 


‘Cincuenta sombras de Grey’, un quiero y no puedo plano y mediocre

Por Luis López.

Estados Unidos, 2015 – 124 minutos. – Director: Sam Taylor-Johnson. – Intérpretes: Dakota Johnson, Jamie Dornan, Max Martini, Eloise Mumford, Luke Grimes, Marcia Gay Harden. - DRAMA ERÓTICO.- Estaba cantado que este film no iba a convencer a casi nadie. Los millones de lectores de este best-seller, tan mal escrito como cargado de un innato olfato comercial, no iban a ver reflejada en pantalla la fuerte carga sexual con la que se plasmaba la iniciación de la protagonista en las relaciones de sumisión. 

 Evidentemente, si se hubiera trasladado toda la carga sexual de las novelas a la pantalla, la película hubiera recibido una X por pornográfica y hubiera sido estrenada sólo en estas salas con el consiguiente fracaso económico que Hollywood no se iba a permitir. Por otro lado, aquellos espectadores que pasaron olímpicamente del libro, pero que han sentido curiosidad por este fenómeno de la cultura de masas, se encontrarán una película pobre que ni siquiera aporta una carga sexual que compense sus enormes debilidades. 

Aunque se ha de reconocer que el nivel erótico del film es bastante más alto del acostumbrado en un Hollywood donde puedes ver cientos de cuerpos desmembrados pero ni un solo culo, no es menos cierto que en un mundo donde estamos a un click de acceder, a través de Internet, a todo tipo de acrobacias sexuales (más cercanas al circo o la barraca de feria que al erotismo o, ni siquiera, a la pornografía), sólo se pueden asustar por este film los espectadores que vivan ajenos a esta nueva realidad virtual. Pero es que si nos quedamos en el nivel del entretenimiento tradicional, no se encuentra en la cinta nada que no se pudiera ver en cintas como Nueve semanas y media, por no hablar de Calígula y muchas otras que las precedieron y siguieron. 

 Sí que hay que reconocerle a la directora que, contando con un guión nefasto y un protagonista lamentable, se toma muy en serio una tarea imposible y consigue que la narración cinematográfica sea, junto a los aspectos formales y la interpretación de Dakota Johnson, lo más destacado de este mediocre producto comercial que no llega a película. Ahondemos en la labor de Dornan. En una relación como la que plantea el film parece indudable que el personaje con más matices, sombras (valga la redundacia) y demonios debería ser el de Gray. Sin embargo, mientras en la interpretación de Johnson se intuyen claramente las razones de su comportamiento y los claroscuros de su personalidad, el trozo de carne que es Dornan no transmite ninguna capa de profundidad. Es un ser plano algo opuesto a lo que debería trasmitir la personalidad de un caracter de este tipo. 

 Por otro lado, el fenómeno Grey no es más que otro ejemplo del proceso de higienización de los mitos más temidos por la sociedad burguesa. En la saga Crepúsculo se convertía al vampiro, que, por definición, es la encarnación del mal en un melifluo adolescente que, en lugar de arder, brilla cuando le da el sol y que se “cura” de su “desviación” gracias al amor de una muchacha todavía más blanquecina que él. No hay que olvidar, por cierto, que la saga de Grey surgió como una variación de aquélla en la web Fanfiction, página de Internet en la que los fans continúan y amplían de manera amateur los universos que adoran. En Memorias de un zombie adolescente, el protagonista controla su ansía de comerse a la chica porque es más fuerte su adoración por ella. Aquí, otro “desviado” se acaba “regenerando” a lo largo de la saga. 

 No es de extrañar que los colectivos que practican la dominación, la sumisión y el BDSM se hayan sentido molestos con las novelas de E.L. James. Ellos afirman, con orgullo comprensible, que no se tienen que curar de nada, que sus prácticas sexuales no tienen por qué tener que ver con ningún trauma de su infancia y que disfrutan plenamente de las mismas sin molestar a nadie porque siempre son relaciones consentidas entre adultos. En el pasado reciente y, por desgracia en demasiados países en la actualidad, la homosexualidad se consideraba una desviación y sus practicantes eran perseguidos por la ley. Hoy en día, cualquiera que no sea un fanático, acepta la homosexualidad como una opción más, a los homosexuales como iguales y no como enfermos y no nos planteamos, siquiera, que se deban “curar”. Quizá sea el momento de pensar lo mismo de los que practican sexo consentido entre adultos diferente al convencional. 

 Cuando Anastasia Steele, una estudiante de Literatura de la Universidad de Washington (Seattle), recibe el encargo de entrevistar al popular y joven empresario Christian Grey, un millonario de 27 años, queda impresionada ante su extraordinario atractivo. La inexperta e inocente Ana intenta olvidarlo, pero pronto comprende cuánto le desea. Cuando la pareja, por fin, inicia una apasionada relación, Ana se sorprende por las peculiares prácticas eróticas de Grey, al tiempo que descubre los límites de sus más oscuros deseos. 

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