sábado, 7 de febrero de 2015

ANNIE (2014)

DE HUERFANITA ENCANTADORA A NIÑA REPELENTE 

CALIFICACIÓN: 0/5

Si a lo vergonzante de las actuaciones le añadimos una dirección torpe, unos números musicales rutinarios, un giros argumentales de baratillo y un mensaje materialista mal disimulado, Annie se convierte en una interminable tortura de casi dos horas que bien parecen tres y que debería estar penada con la cadena perpetua para sus responsables. 


Por José Antonio Pérez.



Estados Unidos, 2014 - 118 minutos. - Director: Will Gluck – Intérpretes: Quvenzhane Wallis, Jamie Fox, Rose Byrne, Bobby Cannavale, Cameron Díaz, David Zayas. COMEDIA MUSICAL.- Se supone que cuando se hace una nueva versión de una película es para mejorar la original o, por lo menos, igualarla. En el caso de Annie no era excesivamente complicado, ya que la película de 1982 tampoco es considerada como uno de los musicales de referencia en el género. Por mucho que el director fuera el gran John Huston, el film es simplemente un ejercicio correcto, con un par de números apreciables y buenas interpretaciones. Y aunque eso, dadas las circunstancias, no es nada desdeñable, conseguir que la nueva versión fuese mejor no hubiera sido demasiado complicado a poco que sus responsables se hubieran esforzado medianamente. 

Pero claro, estamos en los tiempos de lo políticamente correcto y de la tiranía del modelo Disney Channel. Poco importa el traicionar (más bien pervertir) la idea original con tal de abarcar al mayor número de espectadores posible, aunque para ello haya que disponer de un guión más simple que el mecanismo de un botijo y trufado de diálogos bobos que ni las canciones logran mejorar. 

Para colmo de males, al menos cuando John Huston realizó su película todavía podía contar con intérpretes que habían mamado de las tablas, que sabían cantar y bailar o, por lo menos, no hacer el ridículo cuando les tocaba hacerlo. Pero esos tiempos ya han pasado a mejor vida. Como bien se puede ver en la reciente (y mediocre) Into the Woods, la tendencia actual es la de escoger a actores conocidos que por lo menos no desentonen (de bailar… mejor ni hablamos, que eso se disimula con el montaje). De esta forma nos encontramos con meros bustos cantantes, actores que ejecutan cuatro pasitos mal dados porque al fin y al cabo no saben más.

Aunque lo de menos en esta nueva Annie es que sus actores no tengan las habilidades que exige el género. Lo que hace de este film una experiencia infumable es que estén sobreactuados de tal forma que la que debería ser una encantadora huerfanita se convierte en una niña por momentos repelente. Y eso se puede ampliar sin el más mínimo problema al resto de personajes, algo que se hace especialmente sangrante en el caso de una Cameron Díaz insufriblemente pasadísima de rosca. 

Si a lo vergonzante de las actuaciones le añadimos una dirección torpe, unos números musicales rutinarios, un giros argumentales de baratillo y un mensaje materialista mal disimulado (no olvidemos que la guionista es la tea partier Aline Brosh McKenna que ya nos demostró su execrable ideología en El diablo viste de Prada y en Morning Glory), Annie se convierte en una interminable tortura de casi dos horas que bien parecen tres y que debería estar penada con la cadena perpetua para sus responsables.


Annie es una huérfana que conoce por casualidad a un rico hombre de negocios que se presenta a la alcaldía de Nueva York. El millonario la invita a vivir unos días a su casa para mejorar su imagen, pero poco a poco se va encariñando de la niña.

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