miércoles, 21 de enero de 2015

WHIPLASH -2014-


Adaptando su propio corto de igual título y también protagonizado por J.K. Simmons, Chazelle consigue un primer difícil objetivo: que el film no parezca un cortometraje alargado. Pero, obviamente, los méritos de este film nominado a 5 Oscars no se quedan ahí. Huyendo del buenrollismo que se ha cargado la producción indie (y el mundo general, diría yo) en el film aparecen dolorosas verdades. 


IDEAS QUE YA NO APARECEN EN EL CINE DE HOLLYWOOD. 

Calificación: 3,5/5 

Por Luis López.



Estados Unidos, 2014.- 103 minutos.- Director: Damien Chazelle.- Intérpretes: Miles Teller, J.K. Simmons, Melissa Benoist, Paul Reiser, Austin Stowell, Jayson Blair, Kavita Patil.- DRAMA MUSICAL.- Impecablemente montada, dirigida e interpretada, el “casi” debut de Chazelle tras la cámara se salda con un pequeño triunfo cinematográfico. Aunque es cierto que debutó en 2009 con una verdadera película independiente, se puede considerar que el film que nos ocupa es su verdadera entrada en el mundo del largo.

Adaptando su propio corto de igual título y también protagonizado por J.K. Simmons, que se alzó con el premio de Sundance en dicha categoría, Chazelle, apoyado en la producción por Jason Reitman, consigue un primer difícil objetivo: que el film no parezca un cortometraje alargado. No es poco, porque suele ser la norma habitual en este tipo de proyectos.

Pero, obviamente, los méritos de este film nominado a 5 Oscars no se quedan ahí. El trabajo del nominado Simmons es espectacular y no se queda a la zaga un joven Teller (que ya me encantó en The Spectacular now y Project X) que resulta muy creíble como este baterista obsesionado con la excelencia. Por cierto, no se pierdan estas interpretaciones en versión original, si pueden.

Pero lo más interesante del film es su visión del mundo. Huyendo del buenrollismo que se ha cargado la producción indie (y el mundo general, diría yo) en el film aparecen dolorosas verdades. A saber. Que los educadores también son personas y tienen sus propias miserias y debilidades. Que el éxito personal y profesional son difíciles de compaginar. Que para llegar a la cima, además del talento, es necesario estar dispuesto a todo (y a renunciar a mucho) para conseguirlo. Es decir, casi nunca se puede llegar a la cima sin dejar algunos cadáveres (a veces el de la propia alma) por el camino aunque el citado buenrollismo intente hacernos creer que todo es brillante y luminoso en el camino hacia el éxito.

 Y, sobre todo, que el que nadie le diga a nadie que está haciendo las cosas mal (o no lo suficientemente bien) y que los que tienen la obligación de educar o encaminar a los más jóvenes hagan dejación de funciones es la raíz de gran parte de lo que no funciona en nuestra sociedad.


El objetivo de Andrew Neiman, un joven y ambicioso baterista de jazz, es triunfar en el elitista Conservatorio de Música de la Costa Este en el que estudia. Marcado por el fracaso de la carrera literaria de su padre, Andrew alberga sueños de grandeza. Terence Fletcher, un profesor conocido tanto por su talento como por sus rigurosos métodos de enseñanza, dirige el mejor conjunto de jazz del Conservatorio. Cuando Fletcher elige a Andrew para formar parte del conjunto musical que dirige, cambia para siempre la vida del joven.

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