miércoles, 14 de enero de 2015

BIRDMAN O LA INESPERADA VIRTUD DE LA IGNORANCIA (BIRDMAN OR THE UNEXPECTED VIRTUE OF IGNORANCE) -2014-

Un innovador que no se escapa del todo del manierismo y que tiene grandes problemas para acabar en el momento justo sus películas. Aquí se plantea el reto de rodar (casi) todo su nuevo film en un falso plano secuencia que dinamita las reglas sagradas de este recurso. Usando la tecnología digital que permite disimular los cortes, el mejicano no intenta crear continuidad sino unir diferentes momentos temporales para dar una coherencia interna a la narración 


OTRO CINE ES POSIBLE…
AUNQUE NO SEPAMOS ACABAR NUESTRAS HISTORIAS A TIEMPO. 

 Calificación: 4/5 


Estados Unidos, 2014.- 118 minutos.- Director: Alejandro González Iñárritu.- Intérpretes: Michael Keaton, Emma Stone, Edward Norton, Zach Galifianakis, Naomi Watts, Andrea Riseborough, Amy Ryan.- TRAGICOMEDIA.- Un verdadero tour de forcé y una lección de narrativa cinematográfica, tanto en referencia a sus límites como a sus posibilidades expansivas. 

Lo primero que aprende un estudiante de cine, al menos fue mi caso, sobre el plano secuencia es que su objetivo es trasmitir una sensación de inmediatez, de verismo de no manipulación del tiempo cinematográfico. Otra cosa que debe interiorizar cualquier aspirante a artista es que debe conocer, dominar y respetar las normas de la narrativa y estética de su disciplina. Una vez que se convierte en un experto, está capacitado para romper esas reglas y abrir nuevos caminos en dicha expresión artística. 

A grandes rasgos y con todas las combinaciones y gradaciones posibles, los directores de cine se dividen en dos grandes grupos: manieristas e innovadores. Los primeros repiten como mayor o menor éxito fórmulas de comprobado éxito que componen el standard hollywoodienses. Algunos consiguen películas maravillosas siguiendo este camino que nos hacen disfrutar como nadie. Los segundos son los que se arriesgan e intentan abrir nuevos caminos. La mayor de las veces nos fustigan con ladrillos infumables pero en determinadas ocasiones producen obras imperecederas, memorables o, al menos, que aportan un par de ideas fascinantes que el mainstream procesa para hacer avanzar el standard que luego será nuevamente imitado por los manieristas. El espectador es libre de elegir: 

1) El bar de confianza previsible y seguro o, mejor aún, el MCDonalds donde las hamburguesas saben igual en cualquier lugar del mundo (con ligeras variaciones, gamas y potenciadas por el marketing para que parezcan verdaderas innovaciones) 

 2) Ese nuevo restaurante fusión de sabores que puede ser el paraíso o una engañifa. 

 Pretender que el uno te ofrezca las virtudes del otro habla de la ignorancia del que elige, no de las carencias del elegido. 

¿Y dónde queda enclavado el cine de Iñarritu? Pues, un innovador que no se escapa del todo del manierismo y que tiene grandes problemas para acabar en el momento justo sus películas. Aquí se plantea el reto de rodar (casi) todo su nuevo film en un falso plano secuencia que dinamita las reglas sagradas de este recurso. Usando la tecnología digital que permite disimular los cortes, el mejicano no intenta crear continuidad sino unir diferentes momentos temporales para dar una coherencia interna a la narración con evidentes ecos (ahí es donde no se libera del manierismo) del cine de Altman, especialmente Vidas Cruzadas, vinculado de manera más directa todavía que el film que nos ocupa a la narrativa del gran Raymond Carver. 


El film tiene una fuerte carga paródica y sardónica que no deja títere con cabeza: 

 1) El blockbuster de superhéroes, olvidando que, como todo género dominante en una época, está dando cabida también a grandes películas. Tal y como ocurrió con el western: entre miles de pelis de vaqueros –aunque sólo fuera por estadística y por la perspicacia de algunos directores que vieron la posibilidad de realizar obras personales dentro de esas coordenadas- se parieron decenas de obras maestras. 

2) El público que sólo quiere acción sin sentido. 

 3) A una sociedad donde una estupidez es más seguida por Internet que cualquier acto humano digno de aplauso. 

 4) Las celebridades del cine que no son lo mismo que actores. 

 5) Los críticos que atacan el arte para paliar sus frustraciones. 

 6) Los mediocres aspirantes a artistas que no aceptan las justas críticas. 

 Como siempre en el cine de este director, no se llega a alcanzar la excelencia porque sus películas contienen demasiados clímax y posibles finales como para que la sensación de agotamiento no haga presencia. Una lástima pero el esfuerzo y el atrevimiento merece igualmente el aplauso.

Después de hacerse famoso interpretando a un célebre superhéroe, un actor trata de darle un nuevo rumbo a su vida, recuperando a su familia y preparándose para el estreno de una obra teatral en Broadway basada en los relatos de Raymond Carver.

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