lunes, 6 de octubre de 2014

BOYHOOD -2014-

UN COLOSAL ESFUERZO QUE NO SE PLASMA TOTALMENTE EN LA PANTALLA.

CALIFICACION: 3/5


Estados Unidos, 2013.- 165 minutos.- Director: Richard Linklater.- Intérpretes: Ellar Coltrane, Patricia Arquette, Ethan Hawke, Lorelei Linklater, Jordan Howard,Tamara Jolaine, Zoe Graham, Tyler Strother, Evie Thompson, Tess Allen, Megan Devine, Fernando Lara, Elijah Smith.- DRAMA COSTUMBRISTA.- Siempre he sido partidario de valorar no sólo los resultados sino también las intenciones de una persona o trabajo. Por ello considero que la osadía casi suicida de Linklater ya merece un efusivo y generalizado aplauso. Rodar durante 12 años (2002-2013) con el mismo equipo técnico y artístico, lograr el compromiso de todos ellos para reunirse una semana al año y conseguir que, más allá de contratos, el protagonista mantuviera el interés y la predisposición en etapas tan volubles del ser humano como la infancia, pubertad y adolescencia dan testimonio de una constancia y capacidad de trabajo al alcance de pocos en esta profesión. Sin olvidar la ingente y dolorosa labor de montaje a la hora de comprimir las horas y horas de metraje en las definitivas dos horas y media definitivas.

¿El resultado? Interesante pero, en mi opinión de un solo visionado, no magistral. Como la vida misma, la cinta presenta pasajes excepcionales junto a otros más flojos o aburridos. La infancia y pubertad parecen más auténticamente plasmadas que la adolescencia que presenta más tópicos y, mientras que echamos de menos más información sobre ciertos personajes y pasajes otros pueden resultar redundantes o poco apasionantes. Por ejemplo, la relación entre Hawke y sus hijos funciona muy bien en pantalla al igual que el segmento dedicado al padrastro del protagonista, en el que se alcanzan los mayores niveles de dramatismo. Sin embargo, el personaje de Arquette queda algo diluido hasta su notable monologo final y el propio protagonista parece perder interés conforme crece. Por ello, a pesar de la larga duración, nos queda la sensación de que nos faltan algunos datos o peripecias fundamentales, lo cual, probablemente, sea intencionado. Quizá en posteriores visionados estas sensaciones frustrantes se tornen en satisfactorias ya que es un film especialmente propenso a ser recibido o interpretado de manera cambiante según nuestro estado de ánimo o momento vital.


Por otro lado, me gustaría añadir una reflexión de corte cinemático. El paso del tiempo en el cine es un tema que me apasiona. Las razones intangibles por las cuales en algunos films sentimos el paso del tiempo y en otros no cuando, en realidad, los instrumentos usados para conseguirlo no difieren demasiado de una obra a otra (maquillaje, ambientación, guión, interpretación…). Sin embargo, en unos films es creíble y hasta emocionante y en otros falso y casi ridículo. Boyhood es la primera película que yo recuerde que usa recursos totalmente diferentes: los niños se convierten en adultos y los adultos envejecen ante nuestros ojos gracias al plan de rodaje de 12 años. Sin embargo, lo hacen de manera tan frenética y “realista” que, al menos para mí, resulta menos creíble en el contexto cinemático. Es decir, estoy tan acostumbrado a que los actores envejezcan gracias al maquillaje que me resultó extrañísimo que lo hagan de manera tan natural.


A pesar de todo ello, recomiendo el film a todo aficionado interesado en un cine alejado del típico blockbuster mimético con el que tanto nos machaca Hollywood en las últimas décadas.


El film nos cuenta la evolución vital de un niño anónimo -hasta ahora- al que vemos convertirse en un joven ante nuestros ojos: mudanzas y controversias, relaciones que se tambalean, bodas, diferentes colegios, primeros amores, también desilusiones, momentos maravillosos, de miedo y de una constante mezcla de desgarro y sorpresa. Un viaje íntimo y épico por la euforia de la niñez, los sísmicos cambios de una familia moderna y el paso del tiempo.

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