viernes, 10 de enero de 2014

A PROPOSITO DE LLEWYN DAVIS (INSIDE LLEWYN DAVIS) -2013-

Si el director francés Tavernier dijo una vez que la obra del guionista Tesich (Four Friends o El relevo) era progresista y valiente por el simple hecho (lo hiciera bien o mal) de hablar de sentimientos en la era de los Stallone, Schwarzeneger y demás…algo parecido se puede decir de dos obras recientes de los Coen: Un tipo serio y la que nos ocupa. En un contexto audiovisual –especialmente el televisivo- tan obsesionado con las tramas hipetrofiadas llenas de efectismos, giros, cliffhangers y atropellamiento de peripecias y peligros, hacer una película en la que, aparentemente, “no pasa nada” es un suicidio comercial.

COHERENTE CATALOGO DE DECEPCIONES Y EXPECTATIVAS FRUSTRADAS 

CALIFICACION: 3,5/5


Estados Unidos, 2013.-  105 minutos.- Director: Joel y Ethan Coen.- Intérpretes: Oscar Isaac, Carey Mulligan, John Goodman, Garrett Hedlund, Justin Timberlake, F. Murray Abraham, Adam Driver.- DRAMA FATALISTA.- Nunca he sido un defensor acérrimo de los Coen. Algunas de sus películas no me llegan a convencer (Barton Fink, El gran salto, Crueldad intolerable o Arizona Baby) y otras me parecen insoportables (Ladykillers o O Brother!) De todas maneras, es cierto que la recepción de una obra artística –más si es cine y más todavía si se trata de un cine tan personal como el de los hermanos judíos de Minnesota- depende sobremanera del estado de ánimo y expectativas con el que uno se enfrente a ella…así que, a lo mejor, reviso esas cintas y ahora me encantan.

El caso es que mis opiniones no vienen cegadas por una idolatría o un odio visceral a la obra de los autores de Fargo. Lo que sí puedo decir es que su nuevo film es uno de los más valientes producidos por la industria hollywoodiense en los últimos años. Si el director francés Tavernier dijo una vez que la obra del guionista Tesich (Four Friends o El relevo) era progresista y valiente por el simple hecho (lo hiciera bien o mal) de hablar de sentimientos en la era de los Stallone, Schwarzeneger y demás…algo parecido se puede decir de dos obras recientes de los Coen: Un tipo serio y la que nos ocupa. En un contexto audiovisual –especialmente el televisivo- tan obsesionado con las tramas hipetrofiadas llenas de efectismos, giros, cliffhangers y atropellamiento de peripecias y peligros, hacer una película en la que, aparentemente, “no pasa nada” es un suicidio comercial. Si además esa falta de trama no viene compensada con humor satírico de cara a la galería  –quien busque algo parecido a “El gran Lebowski” se va a llevar una hostia importante-, podemos decir que los Coen han vuelto a hacer lo que les ha dado la real gana…que para eso pueden…Al respecto, digo lo mismo que con Woody Allen. Si no te mola, no vayas. Nadie te apunta con una pistola para comprar la entrada.

Y sus decisiones al respecto me parecen magníficas. Esto no es una comedia sobre seres tan patéticos como dignos al estilo de la gloriosa El gran Lebowski. Esto es el descenso a la miseria de un héroe trágico sin capacidad de redención; mitad por su culpa, mitad por culpa del entorno y gran parte debido al fondo insobornable del que hablaba Unamuno y que en el contexto actual le suena a chino al 99,9 % de los occidentales. Un protagonista condenado a repetir una y otra vez los mismos errores, tal cual un héroe griego… como recalcan los Coen, quizá demasiado, con la estructura circular de eterno retorno y el nombre del gato que mueve parte de la acción. 

Sería falaz, obsceno, pernicioso e indecente “suavizar” la tragedia de este pobre hombre (frío, hambre, soledad, falta de un entorno familiar enraizado) con chistecillos o tramas supuestamente divertidas para no aburrir a un público mal acostumbrado por las fórmulas hollywoodienses y las fórmulas hollywoodienses creadas para parecer que no son formulas…La ilusoria pseudoindividualización de los productos culturales que a partir de la intercambiabilidad de las partes quiere dar sensación de novedad al mismo refrito una y otra vez. No lo digo yo, lo dijeron Adorno y Horkheimer, dos visionarios que criticando la música jazz de su época no sabían que sus teorías iban a ser mucho más aplicables a tanto producto audiovisual que hace creer a sus ilusas audiencias que están ante algo realmente nuevo. Por ejemplo, el tan cacareado atrevimiento verbal de series como Orange is the new black o la creencia de que no ha habido policías más corruptos y oscuros que los de las últimas series televisivas sólo puede ser asumido como verdad absoluta por desconocedores absolutos de la producción audiovisual mundial de los años 60 y 70.

Por otra parte, Los Coen muestran un gran conocimiento del cine de perdedores de los 70 íntimamente relacionado con la road movie; cuatro ejemplos me vinieron a la mente mientras veía este film: Mi vida es mi vida de Rafelson, El espantapájaros de Schatzberg, El último deber de Ashby y Llueve sobre mi corazón de Coppola).

Ay, Hermanos Coen, Hermanos Coen… ¿de verdad pensabais que, hoy en día, esta forma de hacer cine le puede interesar más que a cuatro colgaos, como el que escribe esto? Para colmo de insatisfacciones suministradas por el film, tampoco se hace un ejercicio nostálgico de aquella época y se esquivan todos los atajos sentimentales, progres o humanistas de aquel cine. El viaje sin sentido a Chicago es paradigmático. En las road movies clásicas los compañeros de viaje aportaban algo a la vida del protagonista y el inevitable viaje para reencontrarse con una familiar aquí se evita como la peste.


Para completar la nómina de deseos no satisfechos por los Coen, la imagen que se da de la idílica musica folk de los 60 no puede ser más demoledora ejemplificada en varias escenas: la grabación en estudio de un tema ridículo que dará muchos royalties que el protagonista nunca cobrará por culpa de su estilo de vida desastroso, el joven militar que canta letras empalagosas pero exitosas, el personaje de Mulligan (una doctora Jekyll cuando canta y una Mrs. Hyde el resto del tiempo), la reacción del padre del protagonista cuando éste le canta en el asilo la primera canción que compuso cuando todavía era un niño, el veredicto del magnate de la industria discografica ante la canción que elige el protagonista para intentar ser contratado, la brutal escena en la que Lewis se niega a cantar para divertimento de los profesores que le han invitado a cenar “¿Si os invitara a cenar, te gustaría que te pidiera que me dieras una clase a cambio?” les espeta.

Esta escena funciona como ejemplo paradigmático de la gran metáfora que rodea este film: ¿Por qué nunca triunfará Lewis? Porque su fondo insobornable le impide dar al público lo que éste le pide…lo mismo pasa con este film…Y por eso será un fracaso, una decepción e incluso, algunos atrevidos, dirán que es una mala película. Por que no les da el mismo perro manso con otro collar sino un perro rabioso que, si puede, morderá la mano que le da de comer (en este caso la de los fans frikies de los Coen)


Nueva York, años sesenta. Llewyn Davis es un joven cantante de folk que vive en el Greenwich Village. Con su guitarra a cuestas, durante un frio e implacable invierno, lucha por ganarse la vida como músico. Sobrevive gracias a la ayuda de sus amigos y de algunos desconocidos a los que presta pequeños servicios. De los cafés del Village se traslada a un club de Chicago hasta que le surge la oportunidad de hacer una prueba para el magnate de la música Bud Grossman. 

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