viernes, 26 de abril de 2013

ON THE ROAD (2013)

RETO SUPERADO 

CALIFICACION: 3/5


Estados Unidos, 2012.- 136 minutos.- Director: Walter Salles.- Intérpretes: Garrett Hedlund, Sam Riley, Kristen Stewart, Amy Adams, Tom Sturridge, Danny Morgan, Viggo Mortensen, Alice Braga, Elisabeth Moss, Kirsten Dunst, Terrence Howard, Steve Buscemi.- DRAMA.- No entiendo las malas críticas a esta película, siendo las más hirientes las escritas por comentaristas europeos. Casi siempre puedo entrever las causas del mal recibimiento de una película. Muchas veces la cinta se lo merece y en numerosas ocasiones la mala reseña tiene su origen en razones ideológicas y no estéticas y artísticas.

Creo que los fans del libro ya tenían el hacha preparada para destrozarla, por el simple hecho de que alguien se haya atrevido a tocar y, por tanto, mancillar su Santo Grial pagano. Recuerdo que hace muchos años, Winona Ryder, en la cumbre de su fama, dijo que bombardearía el set de rodaje si alguien se atrevía alguna vez a adaptar a la pantalla otro hito literario de la época, El guardián entre el centeno.

Es cierto que la película podría ser mejor y que el material debería haber dado lugar a una obra maestra. Pero es más cierto todavía que las posibilidades de perpetrar un desastre absoluto eran mucho mayores. Y esto no ocurre, ni de lejos. La película es más que digna y, ojalá, que la calidad media de lo que se estrena estuviera a la altura.


Tras la muerte de su padre, Sal Paradise, un neoyorquino que aspira a ser escritor, conoce a Dean Moriarty, un ex-presidiario de un encanto arrollador y casado con la liberada y seductora Marylou. Sal y Dean se hacen amigos al instante. Sedientos de libertad y decididos a huir de la rutina y la monotonía, emprenden un viaje hacia el Sur con Marylou. Adaptación de la novela homónima (1957) de Jack Kerouac, obra clave de la generación "Beat", que describe un viaje desenfrenado a finales de los años cuarenta.

 Recuerdo muy vagamente la lectura que hicimos de la novela mis amigos y yo alrededor de una prohibida hoguera en la playa, acompañados de unas bellas muchachas, compañeras de facultad a las que queríamos impresionar con nuestro acervo cultural, nuestra estética grunge y nuestra pose rebelde. Sí, amigos, eran los últimos años en los que no hacía falta ser guapo, estar mazao y ser metrosexual para pillar cacho. Parece que aquello paso hace cientos de años…en realidad hace 20. Acompañados por la sensualidad que tienen la mayoría de las mujeres de 20 años y los cigarrillos de la risa, nos adentramos en las andanzas de estos extraños personajes, precursores del movimiento hippie, con los que nos identificamos (su inadaptación al sistema dominante) y de los que nos separábamos (¿les flipaba el jazz?) a partes iguales.

Admirábamos a Moriarty y Paradise y queríamos ser cómo ellos porque ignorábamos que pasar hambre, sed, calor, frío por carreteras perdidas era más duro de lo que parecía y que, inconscientemente, deseábamos una vida burguesa y relativamente tranquila. Pero, sobre todo, ignorábamos que nuestra cosmovisión liberal y hippilonga, que parecía dominante en nuestro pequeñísimo universo, estaba siendo derrotada y ahora, tristemente, es casi residual en nuestro mundo; que se parece demasiado al que predijo George Orwell en 1984…y sin necesidad del comunismo soviético al que criticaba. El capitalismo lo ha procesado para venderlo como el mejor de los mundos y nuestra elección personal en total libertad. Tres hurras por el capitalismo… ¡Qué bien lo vende todo!

Lo que les estaba diciendo. Recuerdo una estructura desordenada y algo repetitiva pero mágica como las jam sessions de jazz que descubrimos y admiramos poco después. Una estructura caótica totalmente coherente con el deambular sin rumbo y sin satisfacción de estas almas perdidas por América. Mi experiencia me dice que esa tipo de narración no funciona en el cine. Sólo hace falta revisar Miedo y asco en Las Vegas para darse cuenta (como en otras muchas películas sobre gente dispersa) que ver el viaje lisérgico de otros en pantalla no es nada divertido. Así Salles apuesta por intentar dotar de lógica interna a un relato que la tiene a duras penas, consiguiendo una narración sólida, que no aburre en ningún momento (salvo algún pasaje intimista en Nueva York), con un magnífico uso de localizaciones que nos sumergen en la estética y ética de la carretera y con una franqueza y atrevimiento sexual muy de agradecer en el puritano Hollywood actual.

El último encuentro entre los protagonistas en la secuencia final refleja y documenta a la perfección la estética de la desolación humana y la contraposición de los que se dan una vuelta (más o menos larga) por el lado oscuro pero con las espaldas bien cubiertas (Paradise, gafapastas que nos rodean, muchos de los fans de la novela y la fauna de neohipsters que vuelven a poblar las grandes ciudades del mundo) y los que verdaderamente existen exclusivamente en el lado salvaje: Moriarty que representa a todos los verdaderamente antisistema.

No suelo utilizar citas en mis reseñas pero el último párrafo de la novela con el que también se cierra este film me parece que es el que mejor refleja la sensación de que siempre estamos solos en el mundo y el inexorable paso del tiempo…y por supuesto el abandono al que están sometidos todos los Dean Moriarty del mundo…Moriarty la mejor plasmación literaria de ese tipo de personas que los lógicos y pragmáticos que dominan el mundo nunca entenderán.

“Así, en esta América, cuando se pone el sol y me siento en el viejo y destrozado malecón contemplando los vastos, vastísimos cielos de Nueva Jersey y se mete en mi interior toda esa tierra descarnada que se recoge en una enorme ola precipitándose sobre la Costa Oeste, y todas esas carreteras que van hacia allí, y toda la gente que sueña en esa inmensidad, y sé que en Iowa ahora deben estar llorando los niños en la tierra donde se deja a los niños llorar, y esta noche saldrán las estrellas (¿no sabéis que Dios es el osito Pooh?), y la estrella de la tarde dedicará sus mejores destellos a la pradera justo antes de que sea totalmente de noche, esa noche que es una bendición para la tierra, que oscurece los ríos, se traga las cumbres y envuelve la orilla del final, y nadie, nadie sabe lo que le va a pasar a nadie excepto que todos seguirán desamparados y haciéndose viejos, pienso en Dean Moriarty, y hasta pienso en el viejo Dean Moriarty, ese padre al que nunca encontramos, sí, pienso en Dean Moriarty”

1 comentario:

Medusa dijo...

Estimado Luis, tanto tiempo.
Afortunadamente para mi, y sin noticias de las críticas destructoras, me interesó esta peli como me interesaría cualquier adaptación al cine de un buen libro, y coincidimos en el resultado: bastante decente. Inevitable la nostalgia por aquellos ideales.
Un abrazo