viernes, 22 de febrero de 2013

EL LADO BUENO DE LAS COSAS –SILVER LININGS PLAYBOOK- (2012)

FELIZ DESCONCIERTO 

CALIFICACION: 3,5/5 

Estados Unidos, 2012.- 120 minutos.- Director: David O. Russell.- Intérpretes: Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Robert De Niro, Jacki Weaver, Chris Tucker, Julia Stiles.- TRAGICOMEDIA.- Reafirma las capacidades de David O. Russell (Flirteando con el desastre, Spanking the monkey, Tres reyes, Extrañas coincidencias, The fighter) tanto para la escritura de guiones como para la dirección de actores (todo el reparto está magnífico) y su trabajo tras la cámara. Aun prefiriendo cuando se basa en un guión propio que, como en este caso, cuando adapta la historia de otro, se debe señalar que estamos ante una de las comedias románticas con mejor ritmo, diálogos y soluciones dramáticas de los últimos años. Algunas secuencias como la de la conversación de los protagonistas en el diner que acaba a las puertas de un cine donde se está proyectando un maratón de Halloween o la del concurso de baile ya merecen, por méritos propios entran en la antología del género.

 Tras pasar ocho meses en una institución mental por agredir al amante de su mujer, vuelve con lo puesto a vivir en casa de sus padres. Determinado a tener una actitud positiva y recuperar a su ex-mujer, el mundo de Pat se pone del revés cuando conoce a Tiffany, una chica con ciertos problemas y no muy buena fama en el barrio. A pesar de su mutua desconfianza inicial, entre ellos pronto se desarrollará un vínculo muy especial que les ayudará a encontrar en sus vidas el lado bueno de las cosas.

 El libreto de O´Russell acierta a la hora de presentar algunas de las claves de la historia in media res, aportando la información que nos falta a posteriori, obteniendo eficaces resultados narrativos. También, en menor medida, es un film sobre “cómo vive la gente anónima corriente en Estados Unidos” algo casi desaparecido en el Hollywood actual. Pero Russell no se limita a un costumbrismo recurrente sino que nos acerca a ese tipo de personas que no entendemos y que, incluso, nos resultan molestas en la convivencia: ese vecino que nos despierta a las 3 de la mañana montando un escándalo en su casa, ese hombre maduro que se mete en peleas provocando vergüenza ajena o esa chica insolente y promiscua.

Russell siente un infinito cariño y compresión  por sus criaturas y de forma sutil y nada dogmática reflexiona sobre una sociedad dominada y controlada por los profesionales de la salud mental y sobre lo que esa sociedad, desconcertada tanto o más que los personajes y el propio tono del film, considera trastorno mental y lo que no. Y por supuesto, la comunidad y, específicamente, la familia vuelven a ser los temas centrales del cine del director.

Sin embargo, algunos elementos chirrían bastante y confían demasiado en la suspensión de la incredulidad del espectador (¿una carta personal escrita con el ordenador?) o no confían en la inteligencia del espectador como la insistencia a la hora de dejarnos claro el descubrimiento que hace el personaje de Bradley Cooper sobre esa carta.

Por el contrario, no estoy de acuerdo respecto a las críticas respecto al final. En el monólogo de Cooper al principio de la película sobre la necesidad de encontrar finales felices en el arte, Russell ya está marcando su filosofía e intenciones en este su film más comercial hasta la fecha. Una obra que marca nuevas tendencias para la segunda década del siglo XXI y que, con el paso del tiempo, nuestra valoración de la misma cambiará. A mejor o peor es algo que ahora mismo desconozco completamente.

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