jueves, 9 de junio de 2011

EL CASTOR -THE BEAVER- (2011)



FRIA Y SIN PROGRESION DRAMATICA.

CALIFICACION: 2/5


The beaver.- Estados Unidos, 2011.- 122 minutos.- Director: Jodie Foster .- Intérpretes: Mel Gibson, Jodie Foster, Anton Yelchin, Jennifer Lawrence.- COMEDIA NEGRA DRAMATICA.-

Estamos ante una cinta peculiar, nada convencional y que parte de una serie de premisas más que interesantes y arriesgadas pero que desaprovecha gran parte de las mismas, debido a la falta de progresión dramática del guión y a una realización demasiado fría que no consigue que empatizemos suficiente con los personajes y sus cuitas.

Walter Black es un hombre que padece una profunda depresión. Su única vía de escape, su único consuelo, es una marioneta que representa a un castor, al que trata como si fuera una persona. Perseguido por sus propios demonios, Walter, que fue en otro tiempo un exitoso ejecutivo de una empresa de juguetes, emprenderá con su marioneta un viaje de autodescubrimiento...

La historia del guión de Kyle Killen es azarosa. Incluido en la black list (a pesar de su nombre con connotaciones negativas, un listado de los mejores guiones recibidos por Hollywod), nadie se atrevía a producir y dirigir un proyecto, como poco excéntrico.

Sin duda, lo más destacable es la notable interpretación de Mel Gibson, tan buen actor y director como discutible ser humano. La estrella de Arma letal consigue, no sólo que no resulte ridículo hablando con la marioneta de un castor, sino también que trasmita una tremenda humanidad en su interpretación de un hombre abocado a los insondables abismos de una profunda depresión.

Una gran acierto es el comienzo in media res; no se nos explican las razones o motivos (si los hay) de la depresión del protagonista. Realmente no importan. Tampoco es fundamental discernir si la familia del protagonista es positiva o negativa en su proceso mental. Ni siquiera sí el castor ayuda o perjudica a Mel. Demasiadas cosas te importan poco o nada en la película. Grave problema. Y especialmente superflua es la subtrama del hijo del protagonista (bastante peor escrita que el resto de la película), que se podría eliminar perfectamente. Lo cual hubiera creado dos serios problemas: la película se quedaría en una hora y no disfrutaríamos de la sugerente presencia de Jennifer Lawrence.

Sólo tras una hora y cuarto carente de fuerza, se produce un notable giro de guión que te despierta del letargo y te descubre de qué te quiere hablar la cinta realmente. Demasiado tarde. El punto de mira está en una sociedad americana dominada por la psiquiatría en la que cualquier comportamiento considerado anormal es tratado con medicación. La cinta va más allá en su crítica: también satiriza sobre los métodos alternativos más o menos surrealistas o absurdos (durante gran parte de la película, el entorno de Gibson cree que el numerito del castor tiene su origen en una prescripción facultativa) para curar los trastornos mentales. La solución parece estar dentro de uno mismo, parece decirnos la película. Tampoco lo tengo muy claro. Ni siquiera sé si, contado de esta manera, me importa demasiado.

No hay comentarios: