viernes, 10 de diciembre de 2010

CYRUS -2010-


DICTADURA FILIAL

CALIFICACION: 3/5


Estados Unidos, 2010.- 92 minutos.- Director: Mark Duplass y Jay Duplass.- Intérpretes: John C. Reilly, Jonah Hill, Marisa Tomei, Catherine Keener,.- COMEDIA DRAMATICA.-


Una original cinta que se acerca a un comportamiento sociológico nuevo en su país con conocimiento de causa, perspicacia y sensibilidad.

Solitario y deprimido, John acaba de saber que su ex-mujer planea casarse de nuevo. Sin embargo, no puede creer en su suerte tras encontrar a la guapa y encantadora Molly en una fiesta. Los dos se entregan apasionadamente en su nueva relación hasta que el hijo de 21 años de ella, Cyrus, entra en escena. ¿Quedará sitio para John en el curioso y estrecho lazo que existe entre madre e hijo?

Los hermanos Duplass (con tres obras anteriores inéditas en los cines españoles y bien valoradas por la crítica de su país) analizan un cambio reciente en las relaciones paterno o materno-filiales en los Estados Unidos. Hasta hace pocos años, los retoños americanos volaban del nido familiar en cuanto acudían a la universidad o empezaban a trabajar (a los 18 años aproximadamente) para vivir solos. Esto se consideraba un rito de iniciación sagrado en dicha sociedad, una manera de aprender a edades tempranas los conceptos de independencia y responsabilidad.
Sin embargo, una sociedad cada vez más acomodada y estigmatizada por una dictadura de los hijos sobre los padres, auspiciada por melifluos pedagogos a provocado que, cada vez de manera más frecuente, los jóvenes americanos permanezcan en el hogar familiar hasta edades más avanzadas.

Esta situación se vuelve más incómoda todavía en familias monoparentales en las que el progenitor que convive con el hijo, tiene serias dificultades para tener una independencia sentimental.

Es ahí donde ponen el dedo en la llaga los Duplass, mostrando la manipulación sentimental y el chantaje emocional del retoño, junto a la crítica a una sociedad que, ante la duda, siempre se pone del lado del más joven, supuestamente más inocente y desvalido.

La película funciona fundamentalmente por el gran trabajo del trío protagonista. Reilly tan competente y creíble como siempre, Hill consolidándose como un actor más que capaz y, por encima de todo, mi idolatrada y nunca suficientemente valorada, Tomei, que siempre aporta a sus papeles una naturalidad, sensualidad y simpatía incomparables.

Ellos compensan la indudable falta de ritmo del guión y una dirección algo anodina, aunque, en ocasiones, su uso de la elipsis y de la cámara en mano le aporta la inmediatez y el realismo propio de las mejores obras de un cine independiente americano cada vez menos fértil, en cantidad y calidad.

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