sábado, 29 de agosto de 2009

CRITICA (16): ALGO EN COMUN (GARDEN STATE)



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Esperanzador debut con una tragicomedia tan sencilla como sensible.

Calificación: 3/5

Publicado en Mayo 2005

Garden State. Estados Unidos, 2004.- 109 minutos.- Dirección: Zach Braff.- Intérpretes: Zach Braff, Natalie Portman, Ian Holm, Peter Sarsgaard.- COMEDIA DRAMATICA.-

Una bella y alocada joven rompe la calma en la consulta de un neurólogo de Nueva Jersey. Pero, realmente, su presencia impacta especialmente a uno de los pacientes, un alicaído muchacho que debe afrontar la muerte de su madre. Entre bromas, decepciones y extraños encuentros harán el vertiginoso viaje desde la adolescencia a la edad adulta.

Debut como guionista, actor y director (parece que más por falta de medios, que por egolatría) de un actor televisivo de cierto renombre en Estados Unidos, que rodó y montó este film durante las vacaciones de su serie televisiva.

Siguiendo la política creada en los años setenta a partir del éxito de películas como Esasy Rider, productoras como la Fox (que en su serie A da a luz a, quizá, las cintas más convencionales, rancias y reaccionarias de todo el espectro cinematográfico de su país) han creado departamentos –en su caso la Fox Searchlight- para la realización, con un presupuesto mínimo y en un tiempo record de rodaje, de films personales que no tienen el punto de mira puesto en la comercialidad. Su éxito más importante de esta año ha sido la magnifica “Entre Copas”, que se coló de puntillas en la ceremonia de los Oscars, obteniendo el galardón correspondiente al mejor guión adaptado.

Ni que decir tiene que “Garden State” (olvidemos el ridículo título español) no alcanza la magnificencia del film de Payne, pero no es, en absoluto, despreciable. Braff, al igual que Payne, demuestra un gran interés por las historias intimistas de personajes en crisis. Ambos se han empapado del cine que les inspira, el de los años sesenta y setenta. En el caso de Braff, las referencias, sutiles, eso sí, a films como “El Graduado”, “Harold y Maude”, o “La Ultima Película” son evidentes, aunque ello no signifique, en absoluto, que carezca de un universo propio.

La diferencia entre Payne y Braff es evidente: “Entre Copas” es el cuarto film de un director que ya ha rodado con pesos pesados como Jack Nicholson y, por su parte, “Garden State” es el modesto debut de Braff. Pero, si partimos de la base de que estamos ante una ópera prima, sólo hay motivos para la satisfacción. La descripción aguda y agridulce de unos jóvenes veinteañeros con pocas expectativas en una ciudad deprimida (la Newark perfectamente retratada por Philip Roth en “Pastoral Americana”) marca todo un relato sutil y voluntariamente deslavazado, construida a partir de nimias pero reveladoras situaciones.

Quizá, como ocurre con la mayoría de las corrientes cinematográficas, la dificultad de conectar emocionalmente con los personajes, de identificarse con ellos, es la principal tara que nos encontramos. El problema no está tanto en la manera de narrar, sino en la fauna humana retratada; no estamos, por tanto, ante un problema de mala definición de personajes, sino de excesivamente realista. Personajes embotados: un Braff que actúa como si nada fuera con él y que se ha atiborrado a litio desde los diez años por prescripción de un padre psiquiatra; inanes: un Saargard que se siente mucho mejor cuando le dejan ser mediocre; o baldíos: una Portman para la que la rebeldía, la libertad y la afirmación de la individualidad se basa en poder hacer, de vez en cuando, gestos raros.

Todo ello hace que nos desmarquemos de sus cuitas –porque no nos gusta ver en el cine a gente que se parece a los que nos rodean, cuando no a nosotros mismos- de tal manera que cuando se vuelven interesantes e, incluso, emotivas o heroicas, sea quizá demasiado tarde.

A pesar de ello, las reflexiones sobre la familia, la amistad o el miedo a la vida son tan notables que pueden calar hasta en los corazones más fríos. Por tanto, habrá que seguirle la pista a este Braff y sus nuevo proyectos cinematográficos.

CRITICA (15): LA COSECHA DE HIELO (THE ICE HARVEST)


CINISMO Y DESENCANTO CON ENVOLTORIO COMICO

CALIFICACION: 3/5

Publicada en Diciembre de 2005

The Ice Harvest.- Estados Unidos, 2005.- 88 minutos.- Dirección: Harold Ramis.- Intérpretes: John Cusack, Billy Bob Thornton, Connie Nielsen, Randy Quaid.- COMEDIA DE ACCION.- Un film que el buen aficionado no debe dejar pasar. Cínica, desencantada y negrísima visión de la Norteamérica actual en formato de cine negro con pasajes cómicos (memorable la secuencia de las desventuras nocturnas de los magníficos Cusack y Oliver Platt).

Un abogado de medio pelo planea una estafa a una banda pero su compañero, dueño de un club nocturno. tiene otros planes con el dinero a ganar.

No en balde el guión lo firman el buen director y mejor guionista Robert Benton (que debutó en el cine con el excelente guión de Bonnie and Clyde) y el notable novelista Richard Russo (Ni un pelo de tonto, Alto riesgo). El libreto (especialmente sus diálogos), junto con las interpretaciones, son lo mejor de un film correctamente dirigido por el autor de la magnífica Atrapado en el tiempo, las interesantes Mis dobles, mi mujer y yo y Una terapia peligrosa y las mediocres Otra terapia peligrosa y Al diablo con el diablo.

Pocas veces, y menos en el cine actual, se puede encontrar un film yanqui con tanta mala uva y humor negro. La mejor frase del film y que resume su espíritu del tiene el honor de decirla el magnífico Platt: En este país solo hay dinero y tías pero no hay espacio para la amistad. Toda una declaración de intenciones, sin necesidad de hacer cine social y/o independiente.

No se la pierdan, porque, además, es divertidísima y muy corta.

viernes, 28 de agosto de 2009

CRITICA (14): ENTRE COPAS (SIDEWAYS)




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Un reserva cinematográfico de lujo.
Calificación: 4/5
Publicada en Febrero de 2005

Sideways.- Estados Unidos, 2004.- 123 minutos.- Dirección: Alexander Payne.- Intérpretes: Paul Giamatti, Sandra Oh, Virginia Madsen, Thomas Haden Church .- COMEDIA DRAMATICA.- Dos amigos cuarentones, Miles, un fracasado novelista, y Jack, un actor de culebrones a punto de casarse, inician un viaje de "despedida de la juventud". Entusiasta de los vinos, Miles quiere enseñar a su amigo la encantadora región donde se cultiva un vino excelente. Durante el viaje conocerán a una camarera divorciada y a una fogosa madre soltera. Cuarto film del director de Citizen Ruth, Election y A propósito de Schmidt, un autor empeñado en colocar como protagonistas de su cine a seres anónimos y nada glamourosos. Con cinco nominaciones a los Oscars, es la única nominada a mejor película que faltaba por llegar a nuestras carteleras. Payne, demostrando su integridad artística, rechazó personalmente a uno de las estrellas hollywoodienses interesadas en trabajar a sus órdenes: George Clooney. Según Payne, con toda la razón del mundo, nadie se puede creer a Clooney como el tremendo fracasado protagonista.
La consolidación definitiva (avalada con el Oscar al mejor guión adaptado) del talento de Alexander Payne, una de las pocas esperanzas de regeneración del cine estadounidense en busca de un cine más humano y cercano al mundo real.
Payne no ha dudado en afirmar que con su cine pretende recuperar el cine de personajes que de manera tan gloriosa punteó el magnífico cine estadounidense de los años 60 y, sobre todo, 70. Y ha colmado las expectativas de los que nos ilusionamos con aquella declaración de intenciones, ya que sus tres films más conocidos (Election, A propósito de Schmidt y este Sideways traducido brillantemente en España, por una vez y sin que sirva de precedente, por Entre copas ) han renovado el anquilosado cine de su país, homenajeando el estilo de cine en el que se inspira, pero adaptándose a las nuevas circunstancias del mundo en el que se inscribe y aportando notables novedades en el diseño de personajes y en la selección de los retazos vitales susceptibles de convertirse en materia cinematográfica.
El principal y loable mérito de Payne, (junto a otros autores de la esfera independiente USA surgidos en Sundance como Wes Anderson, Miguel Arteta o Terry Zwigoff) pero ni mucho menos el único, es su valentía a la hora de dar una nueva vuelta de tuerca a los personajes cotidianos con los que el público se podía identificar y de los que, finalmente, aplaudía sus postreros y emocionantes rasgos de heroísmo doméstico, propios del cine posterior al advenimiento de la Generación de la Televisión. Esta generación del nuevo milenio da un nuevo giro y coloca en el centro de nuestra lógica identificación a seres grises y mediocres de los que se nos muestran sus miserias cotidianas y escatológicas y que son incapaces de reaccionar absorbidos por la locura del modo de vida occidental. Conseguir que nos identifiquemos y emocionemos con ellos es un reto altamente complicado del que Payne sale no sólo airoso, sino triunfal.
Payne crea cuatro personajes de los que al menos dos (Giamatti y, sobre todo, Haden Church) pasarán a la historia del cine de este principio del nuevo milenio. Sacando magia de los hechos más cotidianos el film va enganchando y el regusto final (como en los buenos vinos) es infinitamente más satisfactorio de lo que pudiera parecer en un principio. A Entre copas, por tanto, hay que darle un poco de tiempo, para que todos sus aromas, brillos y ecos calen en lo más profundo de nuestra alma.
Por último señalar que Payne, como los grandes autores, consigue hacernos pasar de la carcajada (la cinta incluye una de las secuencias más hilarantes vistas en una pantalla en los últimos años –la del robo de la cartera-) a la tristeza en cuestión de segundos. Pero, sobre todo, romper los compartimientos estancos en los que se pretende dividir la producción cinematográfica (y artística en general, como denuncia Payne, pues al protagonista no le publican su novela, no por falta de calidad sino de ubicación, no saben como promocionarla, en definitiva) regalándonos no un gran film independiente, no una excelente cinta de autor y ni mucho menos un blockbuster comercial ni una cinta de género ni ninguna otra categoría preconcebida sino una gran película a secas.

jueves, 27 de agosto de 2009

CRITICA (13): HEROES IMAGINARIOS


VILLANOS INVOLUNTARIOS

Calificación: 3/5

Publicado en Mayo 2006


Imaginary heroes.- Estados Unidos, 2005.- 110 minutos.- Dirección: Dan Harris.- Intérpretes: Sigourney Weaver, Jeff Daniels, Emile Hirsch, Michelle Williams.- COMEDIA DRAMÁTICA.- Un destacable debut como director y guionista del autor de los libretos de X-men y las inéditas Superman y el remake de La fuga de Logan. Un film de comprensible fracaso porque la sucesión de desgracias que asolan a los protagonistas ahuyenta en toda lógica a aquellos espectadores que, de manera totalmente legítima, busquen en el cine mero entretenimiento evasivo. Pero si usted es de esos espectadores que buscan historias humanas y no temen las emociones fuertes no se sentirán decepcionados con este film.

La familia Travis es tocada por la desgracia y sus miembros se derrumban. El hijo adolescente Tim, la oveja negra de la casa, pasa por la vida como si fuera una pesadilla. Su padre Ben empieza a tratar a su mujer y a su hijo como a extraños y desconecta del mundo que le rodea, mientras que su madre Sandy se dedica a fumar porros y a utilizar todo el sarcasmo de que es capaz. Al mismo tiempo le declara la guerra a una vecina por algunos secretos muy bien guardados que amenazan con destrozar la familia.

Bebiendo de las fuentes de films como Gente corriente (del que toma la muerte de un joven que destroza a una familia), La tormenta de hielo (comportamiento semi-autista y protagonista), El mundo de Leland (la adolescencia paralizada ante la desoladora edad adulta) o American Beauty (desoladora visión de la vida suburbana en Norteamérica), Harris consigue un film personal al cambiar el punto de vista del narrador omnisciente. Si en todas ellas, el guionista hablaba de sus personajes desde la mirada de un adulto, aquí Harris es un joven hablando de jóvenes (y adultos). La sinceridad y desparpajo a la hora de mostrar el paso de la adolescencia a la edad adulta es su mayor acierto y lo que la separa de otros muchos films sobre familias disfuncionales, amén de un acertado sentido del humor y de un desenlace esperanzador pero, en absoluto, forzado o simplista.

En un film intimista como el que nos ocupa, la calidad de las interpretaciones es imprescindible para llegar al buen puerto de la credibilidad y la emoción. Weaver consigue, una vez más, otro de sus prodigiosos trabajos, en la línea de los que bordó con la mencionada La tormenta de hielo o Mi mapa del mundo. Aunque el resto del reparto se maneja con corrección, ella es el alma del film.

Un film que podría haber alcanzado una mayor magnificencia si se hubiera trabajado con mayor éxito el ritmo y el pulso narrativo.

miércoles, 26 de agosto de 2009

CRITICA (12): KISS, KISS...BANG,BANG



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Notable homenaje y actualización del cine clásico

Calificación: 3´5/5

Publicada en Octubre de 2005
Estados Unidos, 2005.- 102 minutos.- Dirección: Shane Black.- Intérpretes: Robert Downey Jr., Val Kilmer, Michelle Monagahan, Corbin Bernsen.- ACCION.-
Una agradable sorpresa dentro del panorama del cine comercial hollywoodiense por su sentido del puro entretenimiento lúdico y por su componente de homenaje-parodia al cine negro y sus constantes genéricas.
La excusa argumental de arranque es especialmente intrascendente en esta ocasión ya que el film va pronto por otros derroteros. Harry Lockhart es un ladrón de poca monta quiere hacer lo correcto, pero siempre lo deja para mañana. Mientras huye de la policía, tras hacer las compras navideñas a su manera, se ve metido, sin querer, en una audición para una película de detectives de Hollywood. A Harry le adjudican el duro detective privado Perry Van Shrike, para que le prepare para su prueba para un papel que tiene casi asegurado. Parece cosa del destino cuando el ladrón que intenta hacerse pasar por detective se cruza con Harmony Faith Lane, una aspirante a actriz que necesita ayuda.
El film es el debut del guionista Black, famoso en los 90 por firmar el guión más caro por aquel entonces, El último boy scout, y autor de los libretos de las cuatro partes de Arma letal o El último gran héroe) y se nota. Black firma y filma una película dirigida a un público que quizá ya no exista, refugiado en el apacible entorno casero del home cinema y que ya no tiene tiempo ni ganas de ir al cine. Un público que creció cinematográficamente con una cartelera en el que la estrella eran las películas de acción con el suficiente contenido para no sentir vergüenza ajena y en el que lo artesano suplía a la infografía. Una cartelera en la que la comercialidad no reñida con la calidad, la diversión no enfrentada a la inteligencia no era tan difícil de hallar como en la actualidad, cuando el público en busca de diversión, pero que ya no quiere saber nada de chiquilladas, lo tiene difícil entre tanto film sesudo y/o periférico, cine social triste y feo y cintas demasiado engoladas y cultas.
Y entonces llega el tal Black y nos regala hora y media de pura y brillante diversión. A medio camino entre la idolatría exacerbada y la parodia reflexiva sobre el género negro y el propio lenguaje cinematográfico y su interrelación con el espectador, la cinta nos embarca de forma frenética y arrolladora en una complicada trama que a veces es casi imposible de seguir (ni falta que hace, pues, salvando todas las distancias, ¿quién entiende totalmente el argumento de, por ejemplo, El sueño eterno?). En dicha trama los engaños, los secretos, los tiros y los besos se suceden, orquestados por unos locuaces y vivos diálogos que nos desbordan en ocasiones.
El tono a veces entre melancólico y nostálgico de la narración (esa memorable secuencia inicial en la piscina que no recuerda a los tiempos en que el gusto por el detalle y la ambientación todavía era algo valorado) es abruptamente interrumpido por ataques convulsivos de violencia que nos recuerdan que, a pesar de movernos en una divertida parodia, estamos en terrenos peligrosos y amenazantes. Pues la cinta es, ante todo, un virulento ataque al mundillo hollywoodiense, aquél que primero encumbró a Black y luego lo arrinconó cuando se volvió demasiado excéntrico y personal, es decir, la, allí, odiada raza del autor, especialmente si erige su estilo desde la comercialidad.
La cinta podía haberse convertido en una excelente obra si todo estuviera a la altura del guión. Sin embargo, la narración es, en ocasiones, involuntariamente confusa, Black peca de creerse todavía bastante más brillante de lo que ya es y un poco de reposo no le hubiera venido nada mal al film para que el espectador pudiera degustar algunas esencias ocultas ante tanto aturullamiento.
Pero el sentido homenaje al cine negro (con esos capítulos en los que se divide el film que llevan por título algunas de las grandes obras del género como La dama del lago o Adiós, muñeca), las notables interpretaciones de los injustamente arrinconados Kilmer y Downey, la sentida descripción de estos puros antihéroes que todavía pueden presumir de dignidad y su loable intento de escapar del mimetismo imperante en la actual producción yanqui en la que se huye como de la peste de todo lo que huele a peligrosa originalidad, nos hace saludar a este film como uno de los más reconfortantes productos comerciales del año

sábado, 1 de agosto de 2009

CRITICA (11): Asalto al tren Pelham 123


Intrascendente diversión veraniega

Calificación: 2/5

Publicado en Agosto de 2009



Esta nueva adaptación de la novela que ya fue llevada al cine en los años 70 presenta una virtud muy gratificante: aparte de la idea central del secuestro de un tren del metro de Nueva York, tiene poco que ver con la película protagonizada por Walter Matthau.

Aquel era un film muy setentero y los que la conocemos no teníamos ganas de volver a ver la misma historia. Aquí hay mucho menos humor sarcástico pero más acción y, sobre todo, más dramatismo. No falta, sin embargo, el humor, presente en los personajes de Gandolfini (uno de los más divertidos roles secundarios de los últimos años) y Turturro.

La intriga y su desarrollo interesan casi siempre dando lugar a un film tan intrascendente como entretenido, ideal para pasar dos horas fresquitos en la sala de cine huyendo de la cruel canícula.

El film tiene defectos, claro. En primer lugar, el duelo psicológico entre Washington y Travolta a veces es intenso pero otras parece casi autoparódico. Sin embargo, lo peor es que Scott demuestra que se la muy bien dirigir a un grupo de actores en espacios pequeños (veáse Marea roja) pero, sin embargo, se empeña en romper la tensión con unas escenas de exteriores rodadas al estilo videoclipero histérico e insoportable de su pésima Domino. Parece que Scott no confía en la capacidad de concentración del público y cree que tanto diálogo puede aburrir. Craso error. El guión es notable y el público con el que compartí sesión no aparecía cansarse del duelo interpretativo.

En resumen, un entretenimiento menor pero eficaz.